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Mostrando entradas de 2010
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Vacaciones bien perrunas. ¡Hasta enero!
merodear la encandilada
sombra que mece
el hálito de ausencia
revolcar
el torso
en la misma mugre
que yace al fondo
de esta carne
divisar su triste costura
y jalar el hilo
hasta que la desnudez
desteñida
se alce entre la soledad
y me llame por mi nombre
dicen que el agua de mar cura todo:
la tos asmática del verbo ronco
el pecho en la jaula del lobo
el rancia hambre de tocar el cuerpo
en la arena blanca y profunda
salvo esa nostalgia por el verde
el que se conoce y se extraña
y el que se asfixia en el pecho
y acorazado
ladra la pena

Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959)

Why should calamity be full of words? Shakespeare, Richard III

Tocaste un subdominante en fuga
Mi pelo de mujer descansa sobre tu almohada:
el punto de reposo de la duración de las figuras
en tu espalda
en los artefactos del baño
en la pintura blanca del techo
Después de más de treinta años
la connivencia se convierte en gesto de triunfo
Vinimos de lo que somos
no del pollo que almorzamos esta tarde
no de las flores que enviaste
no de la utopía formal con que me sacás la ropa
sino de la alegoría de la rosa
de la aburrida música de Mozart
de la calamidad de los cuerpos.


Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959), inédito
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me dije esa noche:
a escribir hasta que los dedos ardan
pero la mecha de mis manos se fue apagando
y pensar que por horas
fueron un cincel
pero de pronto
la llama declinó en lamento y en estampida
mi voz se quebró dentro
y las palabras
unas a otras
se dijeron:
ya es hora de detenernos
y lloraron interminablemente
una sobre el hombro de la otra
hasta que al fin amaneció
y una vez más brillaron
y yo retraída
me dije:
a escribir hasta que los dedos se apaguen
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tan desalmada
que el cuerpo
aísla la carne
del esqueleto
mientras el diente
hinca pervertido
en la intimidad
donde mis manos
se abrazan
a la cáscara
del nombre
moler a palos al corazón
de un golpe seco
en el rabo
callar el asma /del habla
y por el hogar arrastrar
el lazo con que apretó
la hondura de mi cuerpo
atar su último palpitar
junto a la mortaja

De vez en cuando, de Irene Gruss (Buenos Aires, 1950)

Nos portamos muy mal.
Antes de ir a comer nos ensuciamos las manos antes de besar nos dormimos tenemos que entragular cada hora matar a la mañana, a la noche (no importa el olor de lo que matamos sino nuestra risita, como una hiena) Nos portamos muy mal. Con el cansancio sobre todo, con el miedo. Preparamos la pelea oscura contra la libertad y sin embargo ninguno de nosotros quiere morirse.
(De La luz en la ventana)

Todos los fuegos el fuego

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Antonella Anedda.

Somos mortales mortalmente asustados
temblamos como zorros y perros
convirtiéndonos en la jauría de nosotros mismos.
Basta un sueño inoportuno
y la luz erosiona donde no hay refugio.
Nos desbandamos entre los objetos esperando que sean reales.
Cerramos los ojos con fuerza tratando de dormir en pleno día
diciendo: aquí, y pensando allá
ofreciendo sacrificios mientras movemos muebles
y cortamos con las tijeras los geranios.
De noche estiramos las mesas para los invitados
y desde la madera comenzamos a marchitarnos.
Colocamos con cuidado las servilletas y del lino se elevan demonios.
Girando la cabeza aquí, pensamos: allá
como de verdad sucede a cada persecución
Abrimos ventanas con la excusa del humo. El viento huele a basura
pero es una tregua. El mismo viento en su belleza es una ruina.
La sabiduría nos confunde como la cera.
Nos cuesta respirar
Permanecemos inmóviles
la sangre estalla entre la nuca y la espalda
nos volvemos serpientes
nos limpiamos entrelazándonos.

Traducción: Beatri…
este cuerpo no es más que un lenguaje roto
en sus bordes posee un cinismo tan propio
que al hablarse lo pondera una risa de suplicio
su lengua al contacto con mis dientes
se siente húmeda y esquiva
teme decirse desde la ambigüedad de la carne
desde el borde del labio que gira su mueca
para no reconocerse en el espejo
cuerpo que es lenguaje
silente y comedido
a la espera de que las manos
ávidas y temblorosas
hagan memoria de sus miedos
y reclinen su muerte por una vez
entre estos brazos
tomo la lima
afilo mis manos
y los dedos se vuelven cuchillos
osados y malignos
hago un intento
con el rostro
tomo el índice
de la mano que escribe
y lo araño
rasgo a pedazos su piel
para entender
qué tiene mi cara de maligno
de mala conducta
de mujer altanera
o cuánto de belleza
guarda dentro esta máscara

tomo la lima
y afino el borde
del órgano del deseo
abro su boca
su paladar
dentro
un animal
se relame
hilvanado en su cueva
hago un intento de domesticarlo
lo tomo con la mano bandida
lo sacudo
lo muerdo un poco en las pezuñas
hasta que la sangre salpica mi rostro
y me abate

el cuerpo palpita
en su engranaje
y el animal
por si acaso
me deshuesa

Heridas. Palpitaciones.Fisuras.El habla del cuerpo.

Quien narra historias alberga una esperanza. En la cercanía del cuerpo doliente lo expresable son las excrecencias, la contorsión, las respiraciones coartadas. Desde aquí, el libro, la obra, no se cierran en un círculo ofrecido al descanso del contemplador. Desde aquí la promesa de la obra no es un sentido sino la descripción de una quema. El cuerpo es lo discontinuo; acercar la obra al cuerpo, a la vía, significa acercarse a una geografía de temblores, hendiduras, paisajes, inconclusos, tránsitos. La obra que es cuerpo y respiración es descriptiva, situacional, acontecimiento. La extensión de una náusea, la asfixia, la debilidad o la fuerza, la ansiedad del cuerpo en negación de sí mismo son sus visiones. No hay aquí posibilidad para el argumento. El cuerpo carece de argumento, no se propone para la discusión. Su tiempo es vertiginoso; fugaz e intermitente. Sus códigos oscilan entre la suerte, el azar, el vacío, los esplendores, la fuga, y el hastío. Desde el cuerpo no hay uno que habla…
ronca el hambre
certero
obsceno
preciso
alza el rostro
incendiario
reposa su lengua
en lo húmedo
y ronca el cuerpo
a solas
conmigo
el cuerpo urde la tela
las manos apenas visibles
surgen de esta coraza
los ojos buscan el animal
con que saciar el hambre
y en la oscuridad
la urdimbre
tiembla
desamparada
siempre el cuerpo ansió gesticular
hasta que la boca sea máscara
roída y tramposa
hasta que los dientes muerdan el asco
sediento del propio sarcasmo
este cuerpo deseó maniobrar
su rostro
pero la piel es un animal torvo
que esconde el ojo
entre los huesos
si moscas ardientes y húmedas
sobrevolaran
la lengua y el paladar
mis palabras
abrirían hendiduras
en el cuerpo
y las manos
palparían
su orfandad

"Es injusto" de María Auxiliadora Álvarez

es injusto
que duermas
mientras nosotras
táctiles buscamos
                           la ropa
el pezón oscuro mojado el hueco
es injusto
que en el cuerpo
                          no contengas alimentos
                          que no tengas
                          várices en las piernas
                          ramas negras
que te vayas
y nosotras nos quedemos
que te valles que te ocultes que te mueras
                                        por las noches
muerto seco          eres injusto
sin boca que te muerda
sin árbol que te suba

es injusto
testículo de noche
cuando hay hijo
                          se trae
no sabe nada de boca
táctil líquida furiosa
no sabe de omóplatos
                               que cuelgan
                                                 omóplatos
ropa
basura
suelo que se rastrea
lagartos que nos acechan
lagartos que nos protegen

es injusto
que te vayas
sereno seco completo
y nosotras nos quedemos

y nosotras nos quedemos



María Auxiliadora Álvarez

Cuer…
este cuerpo
con los años
se ha vuelto roca
si alguien se atreviese
y pusiese su oído en la hendidura
escucharía un caballo salvaje
correr despavorido
si tocara esta piel
o arañase su lado ácido y avispado
este cuerpo
se vengaría

Algo de aquel entonces...

aún no he llorado todas las lágrimas
apenas un centímetro de mundo
una gota de vejez inmaculada
este sábado moribundo y ficticio
llora a moco tendido
-encaprichado con los dulces del verano-

subo a un árbol
y mastico el color de una fruta,
el sabor de la naranja en tus manos
el simple perfil de tus pies en el agua
dolorosamente es incierto este día
tan monótono como lunes de vacaciones
-como domingo sin sueños tan profundos-
(simplemente tararearte un poco y luego
animarme a descansar)

nunca te dije que dejaría de pensarte
ahora me maldecís porque te parece absurda mi poesía
-opaca-sangrienta- e indecente fueron tus palabras-
y porque te dejé en todas tus ventanas papeles de colores
(simples retazos de poesía maldita)
para que nunca te olvides de mí y recordés a otra
-y se queden color sepia todas mis palabras en el vidrio-

y a mí no me gustaba echarme a correr de golpe
dejar afuera los postigos abiertos por las dudas tus manos...
(pero no, la cosa fue en serio…
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En estos últimos días aunque escribí mucho todo tiene que ver con la tesis. Toda mi supuesta inspiración se lo roba ella. Terrible, lo sé, pero debo salir con urgencia de esto. Por eso dejé de leer todos los libros de Clarice, como primer medida, y me castigué. Me dije: hasta que no avances más en la tesis no habrá Clarice. Y aunque cueste creerlo, eso pareció surtir efecto.

Esta fotografía me gustó. Acá la dejo. Róbenla si es necesario.

Algo de Sándor Márai.

-Todavía era de noche-continúa, al ver que el otro no reacciona, no protesta, no da indicios de haber oído la acusación, ni moviendo la mano ni parpadeando. Era el momento exacto en que la noche se separa del día, el mundo inferior del mundo superior. Quizás haya otras cosas que también se separan en esos momentos. Se trata de ese último segundo en que todavía están unidos lo bajo con lo alto, la luz y las tinieblas, tanto en lo humano como en lo universal; cuando los dormidos despiertan de sus pesadillas, cuando los enfermos suspiran de alivio, porque sienten que se ha acabado el infierno de la noche y que desde ese mismo momentos sus sufrimientos serán más ordenados, más comprensibles; es el instante en que la regularidad y transparencia del día revelan y separan lo que en la oscuridad de la noche era sólo un deseo fervoroso, un anhelo secreto, una pasión enfermiza y espantosa. A los cazadores y a los animales salvajes les gusta ese instante. Ya no es de noche, pero tampoco es de dí…

Un jardín para Clarice.

No logro tomar otro libro que no sea el tuyo. Clarice, me encerraste en una cárcel, en una gruta donde sólo se oyen tus palabras taladrándome el cuerpo. Me encendiste de forma tormentosa. Ahora sólo quiero apagar tanta pasión, porque no me permito, no, esta pasión no me permite hacer tantas otras cosas que debería organizar en el día. Yo lo intento: me levanto con ganas, pero mientras el día crece delante de mis ojos, la pasión se adormece dentro de mí, palpita lento pero no se apaga. Y ante el intento de tomar otros libros, otros temas, vos, Clarice, inflamás con tus dedos la hoguera; y todo vuelve a retardarse, de manera incómoda e insostenible. Sembraste una semilla hace tiempo y ahora el árbol no ha parado de crecer; sus raíces van acomodándose, en todo el jardín, haciendo espacio, con tal de permanecer en el tiempo. No hacía falta que tomaras el jardín para que tus palabras queden en mí, igual hubiesen permeado en la piel, en los huesos, hasta dejarme todo este frágil esqueleto …
hacer temblar
el cuerpo
hasta que éste caiga
despoblado
desplomado
descreído
dejando la huella
intacta
latente
de la boca besando la carne
de los dientes arañando los labios
los otros
hacer temblar
la palabra
no dicha
no entendida
a punto de parir
los miedos
los propios
dejar huella
de la palabra
en el papel
blanco, robusto y dormido
hacer temblar la pluma
encender los dedos
las yema de las manos
que arda
que arda y duela
hasta que el cuerpo
quede en estado de coma
Me despierto con el ruido en el habla. Algo en la lengua me muerde. Me obliga a quedarme en lo onírico. De repente lo veo, encendido, en el espejo. Su aspecto es de un animal robusto y manchado de negro. Sus ojos  pardos se iluminan desde una profundidad que da miedo. Las garras se acercan, pendientes de darme un primer rasguño en el rostro, de rasgarme la piel para mostrarme quién soy verdaderamente. El espejo vigila, tantea su cara y la mía, acerca su boca de vidrio a nuestra piel pero no nos toca; se mantiene próximo, como si fuese también parte de este juego. Y el sueño se vuelve miedo, repulsión, deseo, y el félido tiene hambre, ansias de comer mi fragilidad, mi desmesura. Quiero despertar pero algo dentro de mí me obliga a seguir. Tanteo en la noche el cuaderno y la birome, los tomo y escribo, desesperadamente mis manos se entregan a una escritura ágil y desmedida.Tengo el deseo de que el animal se duerma y vuelva de donde vino. Pero no. Cuánto más escribo, más cerca están sus d…

Yo soy otra

Toda esta semana ha sido rara. ¿Cuándo comenzó esta sensación de enajenación? Exactamente el viernes antes de irnos a Guárico. Sentía como si alguien delicadamente hubiese movido alguna perilla dentro del corazón y todo se hubiese removido. El río que fluía dentro de mí se detuvo. Me dio miedo. No entendía qué sucedía. Y así como surgió ayer se fue. Volvió a correr el agua, y el cuerpo nuevamente tomó ritmo. Un ritmo más lento, aunque no agolpado, más secreto, íntimo, por fin me sentía otra vez dentro de mí. Miré mi rostro en el espejo y comprobé que los rasgos no habían cambiado. Sin embargo, ¿qué fue lo que pasó en estos días? Ayer la hermana de un amigo falleció. Fue una semana rara, como dije. Con su muerte este sentimiento de orfandad que albergaba desapareció, como si nunca realmente hubiese hecho posesión de mí. Hoy justamente incineraban su cuerpo.
decir basta a la flojera
a este cuerpo dormido
tirado en el colchón
húmedo hogar diurno
donde los órganos no son más
que carne añeja
poco activa
y descorazonada
decir basta
a este ritmo lento de las manos
que escriben poco
y sólo saben de mediocridades
decir basta
a la boca amordazada por el miedo
y por fin alzar el grito

Verónica Cento

Fragmento de "Lluvia"

En la ventana percibe el reflejo nebuloso y vagamente definido de alguien inclinado sobre la mesa escribiendo...su mano derecha, índice, corazón y pulgar firmemente ceñidos a la pluma, que no es una pluma de ganso, que no es el lindo calamo currente que va a ser mojado cada dos por tres en el tintero, que no posee la elegancia ni el pathos de su estilo rasgante...Se centra en su mano izquierda, en su mano izquierda átona y en reposo, en las falanges débilmente separadas, los flectores sueltos...se detiene en el contorno del hombro derecho que apenas distingue, en la línea del brazo descendente, en su mano derecha esbozando la sombra de un puño que ha quedado en suspenso. De ahí en adelante la mano de nudillos blancos y la pluma inmóviles sobre una hoja tamaño carta fabricada con ecológica fibra de caña a la espera de que algún brote de entusiasmo, corriendo de izquierda a derecha, rehiciera a letra su camino en el reposo, en el vacío casi obtuso de la hoja, que de no ser por todos eso…

Escribo pero no me libero

Cuando conozco a un nuevo autor necesito enamorarme, enloquecerme. Pienso que si no pierdo la cabeza ante la primera línea, tal vez nunca sentiré los golpes de tambor dentro del cuerpo. Esta es la forma en que los textos me atraviesan y separan de la realidad inmediata. Y ese momento en que la cordura pende de un delgado hilo, me hace sentir huérfana, y la realidad es como ese animal que se fugó de casa, para nunca más volver. En su lugar, dejó este sentimiento duradero, acatarrado, informe, infeliz, que ata y desata a un pequeño estado de locura. Hago el intento de soltarlo, que se vaya, le digo, pero él se aprieta más y más sobre los dientes. Chirría mi lengua contra su espalda, y la pobre infeliz escribe desde esa cárcel, desde el desabrigo de unos brazos que no la toman, que no se sujetan a su cuerpo para ayudarla a avanzar, simplemente todos corren y se orillan en la arena ajena. Siento que la palabra cordura no cabe en mí, es una estructura poco firme para esta casa. Y cuando se …
Sólo pretendo salvar o enloquecer a mis demonios con lo que escribo. Y la posibilidad de que estas palabras los exorcicen o los fatiguen es una manera acercarme a mi propia salvación
manos rotas
feroces e inútiles
uñas carcomidas
por el hambre
ansías de escribir
para salvar al alma
del látigo de la oscuridad

que alguien rasgue mis vestiduras
y aboque su cuerpo
a esta soledad
lámpara
revela el límite
el centro del pálpito
donde el miedo
duerme frío y apagado
que tu luz ilumine
al cuerpo
y que por fin el habla
surja
colérica
como agua
en el desierto

Otro fragmento de Clarice.

"Se puede pensar rápidamente en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron, pero es inútil huir: el silencio está ahí. Aún el sufrimiento peor, el de la amistad perdida, es sólo fuga. Pues si al principio el silencio parece aguardar una respuesta -cómo ardemos por ser llamados a responder-, pronto se descubre que de ti nada exige, quizás tan sólo tu silencio. Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te juzga, como esperamos en vano ser juzgados por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forzadas, humildes disculpas hasta la indignidad. Tan suave es para el ser humano mostrar al fin su indignidad y ser perdonado con la justificación de que es un ser humano humillado de nacimiento. Hasta que se descubre que él ni siquiera quiere su indignidad. Él es el silencio”
Fragmentos de "Silencio"Clarice Lispector.
tu pie hizo roce con el mío
llamándonos al perdón
a la caricia
a la palabra conciliadora
y al cuerpo
yerto
para que alce la voz y hable

en medio del sueño
sentí tu piel
dije palabras a mi oído
para que las recordara
pero ante la mañana
sólo quedó la certeza
de que me habías tocado
como quien desliza su mano
delicada y tierna
casi sin advertirlo

la noche ha cerrado
la hendidura
que partía nuestras bocas
dejándonos en silencio
ateridos y solos

la noche
ha abierto
por fin
un camino
hasta tus manos
que se revele el pálpito
donde la boca amarga
muerde el papel
que las manos arañen
de forma cruda
la palabra precisa
que la noche
hambrienta
llegue
voraz
y me colme

Acerca de Lautréamont

Hace un tiempo nos encontramos en otra región. Cuando lo vi, estaba como despojándose del sueño. Estaba con aguas, con algas, pero no con peces. Los peces se habían ido. Estaba acostado en el mar. Yo caminaba sobre las aguas y lo llamé: Lautréamont, Lautréamont, le dije, soy Fijman.Y el me contestó que me quería. Que seríamos amigos ahora en el mar, porque los dos habíamos sufrido en la tierra. Pero no lloramos. Nos abrazamos. Después quedamos en silencio.


Jacobo Fijman.
Imagen
moldear la palabra
con la misma elasticidad
con que el cuerpo
extiende sus brazos
para comprobar
que el otro es verdadero
Imagen
dejar el papel en blanco
para que otras manos escriban
que sea otro quien se ofusque en la templanza
de la palabra imposible
Imagen
él
muerde mis senos
y la vulva caliente
se abre como flor
entre sus manos

ruge el deseo
como animal
que no ha mostrado
nunca el rostro

brama la lengua
por la palabra
que anida
en el vientre
obsceno y fecundo

mi cuerpo
boca arriba
se sonroja
y la manzana
cae
liberada

Imagen: "Oevre grave et litho grafie" de Auguste Rodín.

Sólo para vos.

pensar
al cuerpo
y su dorso desnudo
la piel naranja
seca y elástica
pensar en tus manos
grandes como las mías
aunque gruesas
imagino cómo ellas
tocan el libro
y abiertas y fuertes
lo abrazan
porque un libro es
un cuerpo en miniatura
un bosquejo de sonoridad
que agolpa
enloquece
hasta dejarte
rígido
mientras tus pies
realizan un movimiento
rítmico y volátil
que tienta al deseo

pensar
como si ese libro
que rozas
es este cuerpo
el propio.
Para Gabriela Carrión
grisácea palabra
cubre este miedo
estéril
busca un nido
debajo del hambre
y la arena
allí no existe
más que la dureza
de la piedra húmeda y rota
quedará precipitarse
hacia el oscuro mar
peces y pájaros
muerden mis labios
algo de allí
tendrá sabor a verbo
cautelosa
refugiada en el offline
pido que no miren
a este rostro
y no pregunten
por qué esta boca
hoy no ha florecido

Esos regalos enormes y bellos.

Imagen
Morí de amor por este libro.
Adriano González León. "De ramas y Secretos"

Los adioses

A veces he ido un poco más allá: he medido la oscuridad sin tiempo con la oscuridad de mi alma, hasta el último muro y hasta el último fondo, y han coincidido, y al fusionarse se ha producido algo que se parece a una chisma, a una revelación, a un reconocimiento instantáneo, muy fugaz, es cierto, pero que es como la promesa de un reencuentro y una unión perdurable con el modelo, invisible por ahora, en un lugar de donde vine y donde algún día haré pie y veré y sabré. Mientras tanto, mientras sondeo la oscuridad entre estas vislumbres de fulgores que me acercan desde la semejanza hasta la imagen, mantengo esta fe y esta esperanza. Aquí todo está hecho para soportar la luz por la sombra que arroja, y su presencia plena sólo se manifiesta en un relámpago, porque no es de este lado. Me aterra el solo pensamiento de intentar asir la iluminación o el conocimiento pleno arrojándome de un salto en una ilusoria claridad sin fondo. Es como pretender mirar de frente lo desconocido desde el centr…
Hay días en que el lenguaje muerde esta boca hasta sangrarme. Es como si la noche de pronto fuese un animal que se presenta ante mí para tocarme los labios con sus dientes de tigre, y me invitara a jugar quién de las dos araña mejor su vida. Aprender sobre los placeres nocturnos ocasiona que la noche no quiera soltarme. No he aprendido a manejarme en lo nocturno. Quizás lo salvaje que existe en mí aún permanece encerrado, por eso aún no he podido darle batalla a la oscuridad. La noche es un animal que abre y cierre sus fauces dentro de mi corazón, simplemente para tentarme, invitándome al acecho. Mi mejor escudo es el lenguaje que no deja de decirse fuera y dentro de mí.
Será que ella armada con otro rostro se aventura a hablarme al oído, con esa voz que ya no es la suya, con los brazos agitados como en busca de oxígeno, con el vientre partido de arañar de forma excesiva el papel gris, y con un olor rancio en la memoria, como si un frío gélido hubiese espantado los pájaros de su voz.
Imagen
Me voy por un tiempo
escribir no salva
de la oscuridad
más bien habitúa
a mirarse en el espejo
hasta diluirse

el camino a casa será largo
y las palabras
se convertirán en humo
cuando se aproximen
al corazón de ese bosque

el rostro
desde la maleza
alzará la boca
y pedirá clemencia
ante lo acontecido
su boca se cerró
como una estampida
y un silencio rotundo
tronó entre ambas

para siempre

Algunos fragmentos de la oscuridad robados de Clarice Lispector.

La noche fue hecha para dormir. Para que una persona nunca asista a lo que sucede en la oscuridad. Porque con los ojos cegados por las tinieblas, sentada y quieta, aquella señora más bien parecía estar espiando cómo funciona el cuerpo por dentro: ella misma era el estómago oscuro con sus nauseas, los pulmones como un tranquilo fuelle, el calor de la lengua, el corazón que con crueldad nunca ha tenido forma de corazón, los intestinos con su laberinto delicadísimo, esas cosas que mientras se duerme no paran y de noche destacan, y ahora eran de ella. Sentada con su cuerpo, de repente tanto cuerpo.

Clarice Lispector
(Tchetchelnik, Ucrania, 1920-Río de Janeiro, 1977)
"La manzana en la oscuridad"

Feliz día del libro

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Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo. [Proverbio árabe]

la gran plegaria del cuerpo
no debe surgir del hambre
ni del temor ni menos de la duda
si alguna vez mi boca intentase explicar
cuál es el índice del miedo de este cuerpo
primero deberá enfrentar la sombra del espejo

la plegaria del miedo surgirá
desde el rostro escondido detrás del cristal
mi boca se quedará silenciosa y tenaz
dentro de mí

siempre dormida.

El espejo I

Mi rostro frente al lavabo. Miro como el agua surge del grifo. El pensamiento ronda por cualquier parte. Recuerda el aroma del campo, y ese olor a césped sobre el cuerpo húmedo. Mi mente no quiere volver a la ciudad y sigue aún admirando ese paisaje que no hace más de una semana miraban estos ojos. De la calle surge ese olor matinal que anuncia que es hora de partir; pero hoy algo ha cambiado. Observo las ojeras en el vidrio. Habitualmente estas sombras me hastían, esas delgadas líneas que cruzan este rostro cual si fuesen dagas que cruzan mi destino. Pero hoy me digo que ellas están ahí porque yo misma las conduje hasta esta piel. Tomo el jabón con mis manos, lo froto delicadamente entre mis dedos, observo cómo surge la espuma y es una sensación exquisita. Luego la coloco en mi rostro y éste se torna terso luego de la limpieza. Me observo nuevamente en el vidrio opaco y me digo: ¿Qué soy? Inmediatamente una vocecita responde por mí: “Un espejo”. ¿Soy un espejo?, me pregunto. Sonrío a…
Me siento desnuda frente al mundo. Como si alguien hubiese soltado la fina sábana que cubría esta piel.

Me tiré a la pileta.

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demoler las paredes resquebrajadas
para mirar por fin el mar
hacer moldes para que quepa el cuerpo
entero, frágil y elástico
en este abismo
que lo llene
que abarque el miedo
la soledad y el abrazo roto
que no deje marcas de desiertos
en ningún margen
y que de pronto
a este destino lo sienta mío
Nadie había enseñado al hombre esa complicidad con lo que sucede de noche, pero el cuerpo sabe.

Las cosas corrían un poco, felices fuera de tiempo.

Él no se preguntó si el milagro era el agua que lo encharcaba hasta la saturación o el camión bajo el garaje de lona, o la luz que se evaporaba de la tierra y de la boca iluminada de los perros. Como un hombre que llega, ahí estaba él, exhausto, sin interés ni alegría. Estaba envejecido como si todo lo que pudiese ser dado ya llegase demasiado tarde.

Clarice Lispector

"La manzana en la oscuridad"

Luz Machado

Comparto con ustedes un nuevo descubrimiento. Lástima que sólo encontré dos poemas de ella. Si alguien sabe dónde puedo conseguir más poemas de Luz Machado, no duden en avisarme.




LA CASA POR DENTRO

La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una azucena
simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo…
este cuerpo
no reviste ni viste de luz
se aquieta en las tardes
y calma el susurro de muerte
aterido frente al espejo

a veces no quepo en su urdimbre
y juega mi boca la danza del crepúsculo

tiene esa marca despiadada del silencio
posee esa sombra anochecida e inviolable
que lo duerme todo

y apaga hasta el nombre
con estas manos
que ya no tiemblan
te escribo

no vuelvas
porque tu ausencia
ya no importa
alguna vez fue herida
y lo acepto
pero con el tiempo
se ha convertido
en polvo
que no deja marcas

el corazón ha tomado otro rumbo
y espero que no te duela

Homenaje de Ferreira Gullar a Clarice Lispector.

Morte de Clarice Lispector

Enquanto te enterravam no cemitério judeu
De S. Francisco Xavier
(e o clarão de teu olhar soterrado
resistindo ainda)
o táxi corria comigo à borda da Lagoa
na direção de Botafogo
E as pedras e as nuvens e as árvores
no vento
mostravam alegremente
que não dependem de nós.


Muerte de Clarice Lispector

Mientras te enterraban en el cementerio judío
de San Francisco Javier
(y el brillo de tu mirada soterrada
se resistía aún)
el taxi corría conmigo al borde de la Laguna
en dirección a Botafogo
Y las piedras y las nubes y los árboles
al viento
mostraban alegremente
que no dependen de nosotros

Enfermedad

Este cuerpo pide cama desde hace varios días. Una gran gripe se ha alojado dentro y no me permite hacer nada más que dormir. Duermo entonces mucho y de corrido. Tomo el libro de Clarice e intento una lectura rápida pero que me llene de sensaciones; que intente renovar este estado en el que estoy presa. Esta gripe se ha convertido en algo físico, no solamente en un estado de fiebre, sino que ha logrado cambiar la temperatura de este cuerpo a su antojo. A veces transpiro por horas, y el cuerpo se torna pálido, hundiéndose aún más en el abismo que se abre entre las sábanas y la cama. El miedo se ha hecho grande y fuerte y no deja de mirarme. Me señala con el dedo índice la grieta que ha abierto la gripe en mi cuerpo, y sonríe como si realmente disfrutara mi dolor. Esta enfermedad tan solo ha dejado una herida punzante que no deja de sangrar.
Caracas, 10 de febrero

“Sé que estoy nuevamente revolviendo en lo peligroso y que debería callarme para mí misma”

La oscuridad me da miedo. Siempre lo obscuro me dio cierto vértigo; tal vez, porque para ingresar en la oscuridad, es necesario no tener miedo. Y mi cuerpo temblaba tan sólo con la llegada de la noche. Existe en mí un miedo mucho más primigenio, que no tiene nombre, por eso nunca aprendí a nombrarlo. No sé de dónde surge, tampoco quizás importe. Él ya existe, es real a pesar de que no pueda verlo. Aunque puedo intentar aproximarme a una idea de su rostro. ¿Cómo será éste miedo en el espejo? Ese miedo está ligado inevitablemente a ésta noche, que es el lugar donde duerme el cuerpo; y que es también el sitio donde la boca se vuelve llama apagada, para que la palabra descanse, repose en la nocturnidad imposible. Ésta noche es infinitamente mucho más oscura que todas las anteriores. A pesar de que abra los ojos y la mire directamente, una de las dos se revuelca de miedo por la ot…

Bosquejo.

Existe la posibilidad de que todo lo que vive en la sombra permanezca allí para siempre; si la ventana que duerme junto a esa sombra no se permite nunca más mirar el día. Puede enceguecerse hasta que los ojos le estallen y que las imágenes que atesoran los ojos, de pronto, se pulvericen en una acción arrebata y sin sentido. Quedarían éstas manos que ya no sabrán qué intentar escribir. Todo lo que un día llegó por la vista se irá cual si fuese un torrente desesperado e inútil. La boca se olvidará de la mano y la mano de la boca. Y sucesivamente todos los órganos del cuerpo olvidarán qué función cumplían. Hasta que un día no quedará más que pedirle al habla que propicie nuevamente la creación; que desate la ferocidad en la mujer, y que le permita por fin levantar la mirada. Mientras tanto la sombra del cuerpo dormirá junto a un manzano. Estará allí, por horas, anticipando una oscuridad que está latente en su corazón pero que aún no es tiempo para hacerla aflorar. Hará intentos de mirarse…
mi boca repite tu noche
babea con su lengua
los hilos que te atan
a esa otra oscuridad
gatea hasta tu alcoba
e inunda
ese territorio de sombra
que es mi cuerpo
para que al dormirte
nos devoren
los mismos demonios
Las manos del hombre son siempre manos vacías. Roberto Juarroz
Siempre escribo con un vacío que se genera en mí; no tengo nada en el instante de la entrega. Mis manos escriben formulando palabras que vienen de muy lejos; pero el sentimiento que me dejan es de orfandad. Nadie posee nada que le pertenezca. Existe algo en esa labor que concibe un riesgo. ¿Riesgo de qué?
26

Las personas, como algunas, son ovillos de sí mismas
recogidas del viento. Habitan las casas más profundas.
Parece, si vivieran, un ruido de silencio. El rito
de las palmas es aún la manera de implorar en lo seco.
Es así como la noche nos redime de todo, el lugar más
seguro y cercano a la muerte.

34

Bastaría la muerte. La estampida anunciada de la voz
al desencuentro. Hundir rostros sin señas posibles
a la burla del Dador. Bastaría el desalojo de la piel
intacta. Absortos, manchados al fin, en el fondo
de nosotros mismos. Para este trozo que me ofrezco
cuando nombras el bosque y reímos del nombre tallado
como única promesa. Gime quien alcanza la sangre o la
medita posible. Bastaría la muerte.


36

Cuando tú y nosotros de esta casa, miramos
alto árbol, polvo a germinar, celebran
nuestros hijos el acto de vivir. Salva la
tierra de quebrarlos por dentro.



Yolanda Pantin. Casa o Lobo. Poeta Venezolana.

Roberto Juarroz

Nadie posee nada. Para poseer algo es preciso desnudarlo, apoderarse de su centro y tener un espacio donde protegerlo. Nadie puede, para poseer una rosa, desvestirla de sus pétalos y retener su fragancia. Las manos del hombre son siempre manos vacías. Tal vez nuestro ejercicio fundamental consista en aprender a amar y escribir con las manos vacías.


Roberto Juarroz. Poesía vertical II: Casi poesía. N°69

Esto somos

esto somos
fuegos tristes
playas desiertas
bocas grandes e inertes
que hablan de la muerte
que viene de noche

eso fuimos
puñado de relojes rotos
detenidos en primavera
grietas del tiempo

mientras el mar
observa desde un fondo
solo y apagado
e interroga
a estos senos
que hablan lenguas de otro tiempo
que precisan el dolor y el miedo
de estar varados en orillas
desconocidas

hablan del espanto de escribir
sobre la arena
y que el agua borre y transfigure
los recuerdos

hablan
desde ésta oscuridad que existe
en mis ojos y en los tuyos

y que parpadea
temer a ese sonido de lengua
que viene de lejos
de una noche no conocida
por este cuerpo

temer pronunciar su nombre
como si hacerlo fuese traerte
nuevamente
a este cuarto solo
y enfrentarte
pero en el instante
en que la boca hable
sabré con certeza
que ese encuentro
no habrá servido de nada
y que los sueños sólo sirven
para ahogarnos en acciones
imposibles

temer por fin a esta soledad huraña
que no se cansa en tejer y destejer
recuerdos hecho de arena
corriendo por mis manos

temer a esas palabras
que no dijimos
porque nunca
propiciamos
otro encuentro

temer a ese sonido de agua
que suena en este oído
como si trajera restos de un naufragio

algún día
tu mano
golpeará esta puerta
y preguntará por mí

Una playa sin fin-Hanni Ossott

A Valentin FlamericOssott, por los poemas que quiere escribir

Sí, habría que escribirlo así, elevado, devoto, casi total
si fuese posible, un gran poema.
Pero hay interrupciones, los ruidos de la casa,
la respiración del marido. El gato.

Y allí entraría sobre todo el mar
convulso él, alto, encrespado
golpeando playa y costa, insaciable
y el ardor, los cangrejos, siempre arrepentidos.
La culpa. Lo echado a perder, las cosas rotas.
Ese gran poema que lo contuviera todo.
Los vientos. La melancolía. El arrastre.
Las largas noches. Una enumeración de estados.
Fiebres. Calores.
Y habría miradas que cruzan palabras para detenerlas.
Ojos fijos, casi silentes, propios.
Hablaría de la mentira
la casi insostenible mentira, al ras.
Expresaría lo imposible, instalado en el centro del
[coraz…

La carnicería, Charles Simic

A veces caminando en la noche, tarde
me detengo ante la carnicería cerrada.
Hay una sola luz en el negocio
como la que usa el preso para cavar su túnel.

Un delantal cuelga de un gancho:
la sangre le untó un mapa
de los grandes continentes de la sangre;
los grandes ríos y océanos de la sangre.

Ahí están los cuchillos que brillan como altares
en una iglesia oscura donde traen al lisiado y al imbécil
para sanarlos.

Ahí está la tabla de madera donde se rompen los huesos,
y se pelan a fondo —el río disecado hasta su cauce
donde me alimentan,
donde en lo profundo de la noche escucho una voz.