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¿Qué hay en el fondo del deseo de arrojarse al agua? ¿Qué hay en el fondo del deseo de sumergirse en la cosa que obsesiona: de dar el último salto; de lanzarse sin demora y decididamente en pos de lo que se ignora; de franquear el Rubicón; de romper las amarras; de liberarse de todas las precauciones; de arrojarse a la boca del lobo; de jugar a fondo perdido? Extrañas expresiones que una misma antigüedad reúne. Todas estas metáforas de caza, de baile, de juego, de guerra, no son tanto proposiciones de la lengua natural como figuraciones de los sueños. Todas ellas nombran la imprudencia. Todas ellas dicen: no ha tratado de escapar del peligro que se presentaba. Ha salido de su escondite. Ha dimitido de su puesto. Ha abandonado su fila. Ha escalado los muros de la prisión. Ha alcanzado la espontaneidad soberana de la naturaleza.
Pascal Quignard, "Butes", Editorial "Sexto piso".
MIEDO

Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasia…
estamos a la espera de algo que no entendemos da miedo esa sombra en el cielo de a ratos es como una mano negra deslizándose con intención plena de hundir nuestro esqueleto estamos a la espera de la humedad y algo contiene la lluvia y el temperamento funciona contra reloj vivimos con la plena intensidad de que algo no está bien que algo permanece velado no es solo el cielo, allá arriba, es también el mundo acá abajo, sorteando el mal humor, la tristeza, la anchura de la cintura que revienta en llanto es el día que amanece gris todo el tiempo perdimos el vínculo con la luz del sol y nos desdibujamos sí, somos los mismos pero aparentamos una soledad terrible los ojos llenos de nada que pueda comprenderse no al menos hoy que el día es uno más de aquellos en que uno quisiera morirse del todo porque vivir así/grises y comedidos/ nos enfurece nadie está acostumbrado a embeber el alma en esta oscuridad y salimos al balcón con la esperanza de vislumbrar un cambio alzamos la vista y lo que el cielo devuelve es más d…
no había lámparas en el camino de ida tampoco en el de regreso nunca hubo ni un triste faro que alumbrara el rastro tampoco que indicara dónde pisar con firmeza y dónde detenerme en plena oscuridad allí allí justamente hizo falta una lámpara allídonde el cuerpo terco dio su primer zancada preso del delirio muerto de miedo por esa humedad cercanay distante necesité un cántaro de luz para alzar mis manos entre las sombras y que todo tenga sentido una vez más en el centro de este mundo
no hubo lámparas para descansar los ojos en plena noche de luna no hubo tiempo de dormir el cuerpo para que constatara que todo estaba allí y que por miedo del tacto podría avanzar sin perderse pero los dedos manosearon la sombra tantearon con el velo entre las uñas y fingieron reconocer que distinguían el instante exacto donde una luz interminable recorre raudamente la oscuridad sin embargo todo fue más negro cuanto más demoraban mis manos
el frío transita muerto de frío la escena es poética provoca temor ardor y placer y escribo dicha sensación a media pluma a desgajo y las manos que arden por sentir esa helada en los nudillos allá afuera allá fuera la noche llena de luna y de hastío allá fuera el bosque y el temor a perderme pero si vos tan solo vos me tomaras de la mano me condujeses precipitadamente por el follaje solo quizás tan solo quizás la duermevela el vértigo la seducción la noche de mi nombre en tu cuerpo el frío el ardor tomándonos de las manos azarosos
Escena de medianoche:
la mujer corta el pan metódicamente
cada trozo es un amor perdido, reclama
violenta el cuchillo
en un mero gesto de profundizar en una herida
abierta rampante y almidonada
la mujer mira a los niños y sonríe
y en ese acto tan mecánico
algo la delata:
el ojo derrama el rimel oscuro y devela
que el dolor surge de entre los márgenes
que su cuerpo se hará un ovillo en la cama sola
que tocará oír la cantaleta
toda la noche
de su soledad
y toma el periódico
recuerda que es un vicio malsano
encauzar la atención
a noticias de primera plana que hablan sobre muerte
atentar sobre mi vida, piensa
atentar sobre este cuerpo
abrirlo en cuadro
cual si fuese un ternero a punto de descifrarse
meter las manos y tocar el alma
sentirla caliente vibrante y adormecida
y preguntarse en voz firme:
qué importa si hay soledad
solo resta tirar del cuero seco
para sentir si hay vida allí dentro
qué importa si hay soledad
repite
el corazón es un imbécil animal
que no entiende que con mostrar los…
roca magna
mi corazón
encallado a diez mil metros de viaje trasatlántico
una perla invisible
un proyectil
una voz que tirita y detrás de esa voz
mi cuerpo curvado
temblando
de miedo por escuchar tu voz
de miedo porque el deseo quiera regenerarse
en qué, pregunto
¿en un rudo insecto que quiere devorarme?
¿en un cataclismo de verbos arrojados al futuro?
en qué, por dios, en qué
la vida no es más que un cántaro roto
mi vida no es más que un vacío de amor




decir no
porque no me da la gana de decir sí
porque tengo miedo de decirte sí
y que no sepas qué responderme
porque decir no garantiza
que por hoy mi cuerpo no temblará
de muerte
decir no
me justifica
me permite la soledad odiosa
enhebrada prendida cegada
en el velo negro
pero qué hay de esa condición
de guardar silencio
de esperar que hables
que te pronuncies
siempre existe la opción
de elegir
decir no
decir sí
decir tal vez
o marcharme




esa sensación de miedo
hará mucho más profundo
el insomnio de esta noche
rajará mi oído
circundará mi cuerpo
para que entienda
que esta libertad es una trampa
esa sensación de pánico
que no permite balbucear con gusto
y el ojo reverbera detenido
en la hoja en blanco
y resiste al rayón oblicuo
corriendo desmesurado
en busca de qué
en busca de quién
para decirle qué cosas
y con qué palabras

salvarnos del naufragio, no pudimos algo nos mantuvo acorralados con la vista fija en una roca enhebrados como dos agujas a punto de romperse y siempre creímos que éramos intocables que nunca el frío abriría ni tu pecho ni el mío que nunca el amor diría: “hasta aquí la lucha por arder” y que allí algo comenzase a apagarse no como un fuego fatuo sino como esa mano que de pronto aparece en el vidrio y todo la estructura comienza a temblar de miedo a la muerte de miedo a la muerte del amor de miedo a morirme de muerte de miedo a morirme de tu amor                                      pero no me morí vos tampoco te moriste y en orillas tan distintas nuestros rostros boquiabiertos las manos buscan caricias que atraviesen este desamparo el desamparo y la rabia de estas manos la rabia y la tristeza de este cuerpo
alguna vez dijimos que éramos invencibles que éramos intocables que a este amor no lo maldecía ni el mismísimo demonio nada es más terrible en el amor que creer que se está a salvo de la muerte nada es más t…
y a mí me bastaba tu palabra para concordar el ritmo y el embeleso que tiene el cuerpo en la oscuridad que tiene el cuerpo y su profundidad de grito tu grito que hoy es un vacío que hoy es una urgencia de tomar y dejar la molestia, el sostén, el absurdo y el amor esa palabra que no tiene voz ni voto en esta boca muerta voz muerta boca triste tan triste que a mí me bastaría tu palabra para concluir
de esas cosas no podemos salvarnos, decíamos y empapábamos los cuerpos en agua tibia descascarando la rabia para dejarlo limpio y a oscuras si hay demasía de luz el cuerpo deja de respirar                                                    y con sus dedos tantea en busca de su propia noche
de esas cosas no podemos salvarnos, repetíamos y pulsábamos la tecla del desengaño para que cuando vuelva el amor no nos agarre de los cabellos inclinados, boca arriba
de esas cosas no podemos salvarnos, decíamos y apuntábamos con el dedo índice el libro que nos cortaba la respiración y nos hacía tan infelices y esperanzados con esa forma de entender la vida
existen cosas de las que no queremos salvarnos aunque en ellas exista el dulce demonio mordisqueándonos los ojos la malicia, el desengaño y la dureza de esta jodida  vida