"Yo me sentaba en el extremo de un asiento, y empezaba mi felicidad. Atravesar la ciudad oscura me daba algo que nunca volvería a tener. En el mismo tranvía el día clareaba y una luz trémula de sol escondido nos bañaba y bañaba el mundo"
"Pasábamos junto a hermosos caballos que esperaban de pie el amanecer. No conozco la infancia de los otros. Pero ese viaje diario hacía de mí una niña llena de alegría. Y me sirvió como una promesa de felicidad para el futuro. Mi capacidad para ser feliz se revelaba. Yo me aferraba, dentro de una infancia muy infeliz, a esa isla encantada que era el viaje diario"
"En el mismo tranvía empezaba a amanecer. Mi corazón latía con fuerza al acercarnos a Olinda"
" Ya sé que estoy tan emocionada que no consigo escribir. El mar de Olinda tenía mucho yodo y era muy salado. Y yo hacía lo que siempre hice después: sumergía las manos como un cuenco en las aguas y acercaba un poco de mar a mi boca: yo bebía diariamente el mar, hasta tal punto quería unirme a él"
"¿A quién tengo que pedir que en mi vida se repita la felicidad? ¿Cómo sentir con la frescura de la inocencia el sol rojo saliendo del mar? ¿Nunca más?
Nunca más.
Nunca"
Clarice Lispector. Fragmentos de la crónica "Baños de mar" incluida en el libro Aprendiendo a vivir. Siruela, 2004.
Nuestra venganza es el amor, Veronique
domingo, 20 de mayo de 2012
jueves, 12 de abril de 2012
Caracas, 12 de abril de 2012
Arrancar de cuajo la mala hierba y observar el amarillo que crece de fondo, la flor atada al cáliz, la boca que muerde el dedo manso para que estos arañen y dejen marcas de ternura. Pobredumbre en el lenguaje y en la escritura. Cuesta últimamente escribir bien y con ganas. La esperanza es un ripio que se vuelve pájaro. Un ave que vuela, luego de haber estado enjaulada.
Comulgo con la idea de que hay que liberar el jardín del frente, dejarlo limpio, volverlo verde.
Liberar aquellos pájaros encerrados a la sombra del limonero, porque esa oscuridad no es frescura sino encierro. Sordera. Somnolientos salen al mundo. Volar con las plumas bien altivas.
Decir en voz alta y frente al espejo: cuánto me quiero.
Arrancar de cuajo la mala hierba y observar el amarillo que crece de fondo, la flor atada al cáliz, la boca que muerde el dedo manso para que estos arañen y dejen marcas de ternura. Pobredumbre en el lenguaje y en la escritura. Cuesta últimamente escribir bien y con ganas. La esperanza es un ripio que se vuelve pájaro. Un ave que vuela, luego de haber estado enjaulada.
Comulgo con la idea de que hay que liberar el jardín del frente, dejarlo limpio, volverlo verde.
Liberar aquellos pájaros encerrados a la sombra del limonero, porque esa oscuridad no es frescura sino encierro. Sordera. Somnolientos salen al mundo. Volar con las plumas bien altivas.
Decir en voz alta y frente al espejo: cuánto me quiero.
lunes, 6 de febrero de 2012
no escribo desde hace meses
y me duele un tanto en la cercanía de los huesos
como ese dolor punzante que no deja mover
los dedos ni las piernas
algo dentro se paraliza
es la lengua
que se dilata por la mañana
y dulcemente arroja sus conjuros
es el miedo
el abandono
el miedo al fracaso
sin embargo
esa sensación de poca gallardía
que todo penda de una palabra
dicha o silenciada
pero es esa palabra
que dará fluidez a las emociones
no escribo desde hace meses
porque no puedo
mis manos están cansadas
la espera
la arrogancia
a veces
y la manía de no escribir
porque ya todo está dicho
y mezclado entre otras voces
y ese dolor que tiembla y aterroriza
que me dice que no, que no, que no
y a veces que sí, que sí se puede
la misericordia
la bendición del mate tempranero
la mirada de sus ojos a mi escote
el beso y su adormecimiento crónico
la escritura silenciada
eso
el verbo que muge pero yo no lo dejo ser bravo
yo, que no le permito salir al mundo
yo, desesperanzada
escribo
sola
por fin
y me duele un tanto en la cercanía de los huesos
como ese dolor punzante que no deja mover
los dedos ni las piernas
algo dentro se paraliza
es la lengua
que se dilata por la mañana
y dulcemente arroja sus conjuros
es el miedo
el abandono
el miedo al fracaso
sin embargo
esa sensación de poca gallardía
que todo penda de una palabra
dicha o silenciada
pero es esa palabra
que dará fluidez a las emociones
no escribo desde hace meses
porque no puedo
mis manos están cansadas
la espera
la arrogancia
a veces
y la manía de no escribir
porque ya todo está dicho
y mezclado entre otras voces
y ese dolor que tiembla y aterroriza
que me dice que no, que no, que no
y a veces que sí, que sí se puede
la misericordia
la bendición del mate tempranero
la mirada de sus ojos a mi escote
el beso y su adormecimiento crónico
la escritura silenciada
eso
el verbo que muge pero yo no lo dejo ser bravo
yo, que no le permito salir al mundo
yo, desesperanzada
escribo
sola
por fin
miércoles, 25 de enero de 2012
Si Acaso, de Wislawa Szymborska
Podía ocurrir
Tenía que ocurrir
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.
Te salvaste porque fuiste el primero
Te salvaste porque fuiste el último
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.
Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno, un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.
Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad.
¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.
Tenía que ocurrir
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.
Te salvaste porque fuiste el primero
Te salvaste porque fuiste el último
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.
Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno, un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.
Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad.
¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.
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Poetas,
Wislawa Szymborka
jueves, 19 de enero de 2012
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Ingresar a ese centro que duele tanto y buscar la cáscara, la cicatriz; porque debajo de esa carne algo golpea duramente. Entrar sin permiso y arrancar con fiereza la amargura. Decir basta a esta mudez que no nos deja vivir.
Para aliviar un poco al cuerpo busco en la alacena un té de "galleta y jenjibre" y lo saboreo en silencio, hasta sentir que los dedos dejan marcas en las asas. El té cura, o al menos me calienta. Me sobrepongo un instante y empiezo a decir cosas en voz alta, como si yo misma necesitara escucharlas una vez más, para que por fin se cumplan y los caminos se abran otra vez.
Transitar por una nueva niebla, pero no por eso temer a esa gris oscuridad que no me deja ver la realidad. Cruzar el laberinto, si acaso el laberinto es el verdadero camino al encuentro.
Olga Orozco tiene unos versos justos para este sentimiento: "Escarba, escarba en donde más duela en tu corazón. Es necesario estar como si no estuvieras." Siempre ella tan exacta. Esto llega luego de hablar con una gran amiga, ella me la envió. Son dos versos que definen mi situación. En otras palabras, me toca hacer la guerra pero conmigo misma.
lunes, 28 de noviembre de 2011
¿dónde comienza la libertad
del que adora y muerde la piel?
dos acciones esencialmente eróticas
van de esas manos al cuerpo
suben y bajan los dedos a mis nalgas
evaporándose
invisible atmósfera donde el deseo
hinca sus dientes
y reclama hambre
siempre de esa boca
mientras el grito llega acaudalado
morder y adorar
signos que rasguñan la profundidad
donde sólo los amantes se enmarañan
¿dónde comienza la libertad
del que cabalga dulcemente
sobre el vientre de ese otro?
al oído
siempre se escucha una plegaria
finita atadura donde los dedos
se entrelazan
comedidos
del que adora y muerde la piel?
dos acciones esencialmente eróticas
van de esas manos al cuerpo
suben y bajan los dedos a mis nalgas
evaporándose
invisible atmósfera donde el deseo
hinca sus dientes
y reclama hambre
siempre de esa boca
mientras el grito llega acaudalado
morder y adorar
signos que rasguñan la profundidad
donde sólo los amantes se enmarañan
¿dónde comienza la libertad
del que cabalga dulcemente
sobre el vientre de ese otro?
al oído
siempre se escucha una plegaria
finita atadura donde los dedos
se entrelazan
comedidos
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