martes, 26 de enero de 2010

Roberto Juarroz

Nadie posee nada. Para poseer algo es preciso desnudarlo, apoderarse de su centro y tener un espacio donde protegerlo. Nadie puede, para poseer una rosa, desvestirla de sus pétalos y retener su fragancia. Las manos del hombre son siempre manos vacías. Tal vez nuestro ejercicio fundamental consista en aprender a amar y escribir con las manos vacías.


Roberto Juarroz. Poesía vertical II: Casi poesía. N°69

4 comentarios:

Georgia dijo...

Hermoso, este poeta es uno de mis fijos en la mesa de noche, gracias por traerlo

un abrazo

Gabriela Carrión dijo...

Bellísimo. Manos siempre vacías que igualmente dan y reciben siempre.

Verónica Cento dijo...

Viste, Georgia? Esa parte de Poesía Vertical II es muy buena. Es todo un manjar poético. Besos!

Verónica Cento dijo...

Sí, Gaby. Y cuánto nos cuesta convivir a veces con estas manos. A pesar de todo uno lo intenta, porque sabe que detrás de esa vaciedad existe algo que no logran contener éstas dos manos, que es la palabra que envuelve todo ese vacío. Ésa palabra poética que surge rauda por la boca, llenándolo todo... o vaciándolo más?

Quién sabe...