Bosquejo.

Existe la posibilidad de que todo lo que vive en la sombra permanezca allí para siempre; si la ventana que duerme junto a esa sombra no se permite nunca más mirar el día. Puede enceguecerse hasta que los ojos le estallen y que las imágenes que atesoran los ojos, de pronto, se pulvericen en una acción arrebata y sin sentido. Quedarían éstas manos que ya no sabrán qué intentar escribir. Todo lo que un día llegó por la vista se irá cual si fuese un torrente desesperado e inútil. La boca se olvidará de la mano y la mano de la boca. Y sucesivamente todos los órganos del cuerpo olvidarán qué función cumplían. Hasta que un día no quedará más que pedirle al habla que propicie nuevamente la creación; que desate la ferocidad en la mujer, y que le permita por fin levantar la mirada.
Mientras tanto la sombra del cuerpo dormirá junto a un manzano. Estará allí, por horas, anticipando una oscuridad que está latente en su corazón pero que aún no es tiempo para hacerla aflorar. Hará intentos de mirarse en el vidrio y el rostro en el espejo no será más que un deseo. Toda su vida se convertirá en un remoto deseo de realizar cosas que ya no estarán a su alcance. Deseará escribir con las manos y éstas no podrán ni agarrar la pluma. Sentirá deseos de investigarse, de entenderse, de ser su propio detective; pero su búsqueda no será por el mundo, sino por éste otro mundo que es su cuerpo y su corazón.

Comentarios

Jota ha dicho que…
mi Dios, Cento.
Increíble!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Verónica Cento ha dicho que…
Jotita, esto surgió luego de ciertas lecturas de Clarice Lispector...

Me agrada que te guste.

Un abrazo para vos

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