martes, 9 de febrero de 2010

Bosquejo.

Existe la posibilidad de que todo lo que vive en la sombra permanezca allí para siempre; si la ventana que duerme junto a esa sombra no se permite nunca más mirar el día. Puede enceguecerse hasta que los ojos le estallen y que las imágenes que atesoran los ojos, de pronto, se pulvericen en una acción arrebata y sin sentido. Quedarían éstas manos que ya no sabrán qué intentar escribir. Todo lo que un día llegó por la vista se irá cual si fuese un torrente desesperado e inútil. La boca se olvidará de la mano y la mano de la boca. Y sucesivamente todos los órganos del cuerpo olvidarán qué función cumplían. Hasta que un día no quedará más que pedirle al habla que propicie nuevamente la creación; que desate la ferocidad en la mujer, y que le permita por fin levantar la mirada.
Mientras tanto la sombra del cuerpo dormirá junto a un manzano. Estará allí, por horas, anticipando una oscuridad que está latente en su corazón pero que aún no es tiempo para hacerla aflorar. Hará intentos de mirarse en el vidrio y el rostro en el espejo no será más que un deseo. Toda su vida se convertirá en un remoto deseo de realizar cosas que ya no estarán a su alcance. Deseará escribir con las manos y éstas no podrán ni agarrar la pluma. Sentirá deseos de investigarse, de entenderse, de ser su propio detective; pero su búsqueda no será por el mundo, sino por éste otro mundo que es su cuerpo y su corazón.

2 comentarios:

Jota dijo...

mi Dios, Cento.
Increíble!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Verónica Cento dijo...

Jotita, esto surgió luego de ciertas lecturas de Clarice Lispector...

Me agrada que te guste.

Un abrazo para vos