jueves, 14 de febrero de 2013


hay algo perverso en la acción
de hincar el diente
abrir la carne
y detenerse a observar
adentro
este otro cuerpo y su llanto compungido
el sexo: boca abierta que tiembla
y no cesa de pedir
pero qué necesita
¿que mi piel se acostumbre a este hastío?
no quiero
no quiero creer en la dulce mordedura
de ese otro
de ése que no se sabe más que el nombre

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso y triste poema, Verónica. Morder una carne sin identidad...Pedir más de esa carne anónima. Muy bueno de verdad.
Luis de Suspendelviaje

Verónica Cento dijo...

Gracias Luis,

Saludos.