viernes, 28 de agosto de 2009

I

Vuelvo de una noche que no fue más que un sueño oscuro, un remolino de ir y venir de forma constante. Sueño que tengo un cuerpo habitado por la noche, un cuerpo que muge, que grita, y que ansía que alguien lo replete, lo bese, lo habite de la única forma en que puede ser un cuerpo habitado. Vuelvo de una noche carente de entusiasmo. La distancia de esta boca que habla con la palabra misma es de cuatrocientos kilómetros a la redonda. Mi boca pronuncia, emite sonidos, pero siempre en sueños las palabras son pájaros que se liberan, que surgen de mí, y que salen desprendidos hacia otros. Mi boca sueña que puede decir palabras que cambian realidades pero en el sueño la realidad es la misma; porque hay alguien que sueña y siempre soy yo. Por eso necesito buscar espejos en los sueños para mirarme en ellos y reconocerme. Porque a veces sueño que soy otros.
Vuelvo de la noche, habitada y taciturna.

1 comentario:

María Evangelina Trabucco dijo...

Algo bueno iba a salir de sentarla a su mesa e indagarla, vio? Una sombra que se vuelve la misma noche, la boca gigantesca, el verbo en persona... refleja hacia un espejo a otras personas porque a todos se dirige.