indiscutiblemente
tengo miedo
de lo que la palabra
me obligue a pronunciar
o a callar
Atardece y salgo a la puerta de mi casa a encender las luces. Camino despacio, recortando la distancia que hay entre cada farol, y en un acto casi sagrado, doy luz a la posibilidad de esta noche. De fondo, un cielo rojísimo: tropel que arriba con toda su furia, pero nunca lastima. Estos caballos, mansos como el arroyo, se alimentan de la hierba de mi hogar. Forman parte de este paisaje. Aquí nadie te quita el aliento, salvo la noche. Por momentos, me parece poder oír el diálogo entre los árboles y el frío de esta noche. Escribo con frío, mientras mis manos deliran.
Comentarios
la palabra tiene todos los visos.
a veces
es silenciosamente peligrosa
o todo lo contrario
b.
Este poema dudaba en subirlo, sentía que estaba cortado, en realidad lo sigo pensando. Aún no he podido darle el cierre que me gustaría. Porque en cuanto a ritmo lo siento un poco flojo.
Gracias
Qué lindo verte. Gracias por darle al blog una nueva luminosidad.
Un abrazo
Pasaré por tu blog.
justo, esta mañana desperté con un pensamiento... la palabra dicha va dándo forma a lo que somos.
a veces es dulce esa experiencia, otras es terribleblente dolorosa.
qué bien haber estado por aquí... gracias
cris.