jueves, 11 de diciembre de 2008

Resulta que todo tiene un decir oculto. Hasta las palabras sólo dicen las cosas que pueden decir en los momentos que ellas creen perfectos. Pero también tienen aquello otro que no sueltan nunca, aquello que se llevan a la tumba del cuerpo hasta que un buen día la boca los larga a borbotones.
Resulta que yo también tengo palabras que nunca enuncio. Las escribo a veces en papeles arrugados que quedan archivados en la memoria de nadie. Las pronuncio e intento darles nombre: las culpo, las araño en mi cuarto corto, les digo, váyanse a tomar café, vayan a la plaza a ver si llueve, pero váyanse de mi vida. Y las palabras me miran como sonriendo, pero en el fondo es un sonrisa burlona de la que nunca se desprenden. Y yo quedo con mi rostro acartonado, miedoso, mirándolas y en espera de un susurro.
Resulta que todo posee una mirada oculta. Todo objeto tiene un rostro que nunca vi, y que tal vez nunca veré. Él está ahí, del lado inverso, viendo como lo miro pero no lo veo. Es como observar el viento fresco y la diablura de su juego con el mar: veo el agua trotar, abalanzarse abruptamente en la arena, veo su cuerpo de agua mecerse como una gaviota, pero nunca logro apreciar el viento y su materialidad. Siento el cuerpo inmaterial, elástico; siento su movimiento en mis manos, en mi rostro, como si de esa forma expresara su lenguaje de objeto. Pero no. El viento simplemente es el viento que amo. El mar y el viento son sencillamente imágenes individuales que no necesitan al parecer de nadie que las alimente.
Resulta que todo tiene un decir oculto que causa tanto temor como entrega.

8 comentarios:

Cris Cam dijo...

Me quedé de una pieza porque este texto, bien diferente en cuanto hechura, trae mucho (en realidad a mi parece exactamente lo mismo) de lo que Cecilia (La Hija del Capitán)en su blog cuenta en su poema "Alexitimia".

Pero esa es la diferencia.
Mientras todos los hombres miraban, temían y adoraban al fuego, a uno se le ocurrió reproducirlo y a otro preguntarse que es. Ciertamente mataron a un dios con sus manos y su intriga, para que muchos otros hombres vivan.

El artista, el poeta en particular, tiene esa misión indelegable, debe profanar cada una de las palabras, para que estas, medusas infinitas, se repliquen en sensaciones y sentimientos. Decirle a los hombres que este es el verdadero banquete de los dioses.

mharía vázquez benarroch dijo...

una escritura intensa y llena de mareas...bello blog.
que bueno que caracas todavía enamora gente.

principio de incertidumbre dijo...

Ya envíamos correo a córdoba, vero.

Esperemos el envío sea con celeridad.

Abrazo.
;)

doble visión dijo...

escribir es una manera de esclavizarse de las propias palabras... de transformarse en un rehén de la memoria.

beso
marcelo

Verónica Cento dijo...

Gracias Cris. Me estoy aventurando hacia el más allá del lenguaje. Estoy usurpando tierras lejanas, a ver qué encuentro, qué cosas nuevas surgen después de la exploración.

besos

Verónica Cento dijo...

Gracias María. Pasaré muy pronto por el tuyo. Saludos

Verónica Cento dijo...

Gracias Lore. Le acabo de enviar el mail a mi mamá para que esté atenta. Besos y miles de felicidades para estas fiestas.

Verónica Cento dijo...

Gracias Marcelo.
Besotes