Mi cuerpo se parece al cuerpo de un ave.
El pájaro que guardo dentro cava en mi garganta una multitud de verbos. Sacrifica mi abdomen triturando los bordes profundos.
Atardece y salgo a la puerta de mi casa a encender las luces. Camino despacio, recortando la distancia que hay entre cada farol, y en un acto casi sagrado, doy luz a la posibilidad de esta noche. De fondo, un cielo rojísimo: tropel que arriba con toda su furia, pero nunca lastima. Estos caballos, mansos como el arroyo, se alimentan de la hierba de mi hogar. Forman parte de este paisaje. Aquí nadie te quita el aliento, salvo la noche. Por momentos, me parece poder oír el diálogo entre los árboles y el frío de esta noche. Escribo con frío, mientras mis manos deliran.
Comentarios
la capacidad de revelarlo cada tanto
Me gustó el poema!
Sdos
Ezequiel
www.unarazonparavivir.com.ar
palpar el temor al abandono
y el cuerpo ahi sosteniendo tanto
saludos
bellopoem
Saludos
Gracias por acercarte.
beshos
un abrazo
Qué lindo verte. besos