sábado, 3 de septiembre de 2011

Claricense

Caracas, 03 de septiembre

Hace nomás un momento leía a Clarice. Un texto de ella en general me despierta ganas de escribir. Se encienden las ganas. Resulta extraño pero de pronto me veo escribiendo. Algo sucede en mis dedos: un encandilamiento, me digo. Clarice es eso. Encandila enormemente. Ella toda es una luz intermitente. Por eso me aboco firmemente a su voz. Me permito anclar. Ser libre. Dejarme empapar de esa oscuridad tan lúcida. Acaso sea justamente lo que me atraiga de sus textos: esa luminosidad que ella le otorga, que ella devela en algunos de sus libros. Definitivamente pareciera entender algo que uno como lector no lo verá nunca. O como sólo sus ojos lo anticipan y sus manos lo demuestran arraigadas en el papel. Clarice es un soplo de audacia. Reafirmo mi amor por ella. Locamente. Endemoniadamente amo a esta mujer. Cuánto hubiese dado por haberla conocido. Agradezco poder tener varios de sus libros en mi biblioteca. Una linda cosecha que lleva el nombre Clarice Lispector.

3 comentarios:

Karen dijo...

Hace años que quiero leerla, no sé por qué no lo hice aún. Tu texto me decide: mañana mismo voy a la librería.

Verónica Cento dijo...

Te aconsejo comenzar por sus crónicas. Adriana Hidalgo editó dos libros hermosísimos que están muy buenos. El primero se llama "Revelación de un mundo" y el otro "Descubrimientos". Cualquiera de ellos funciona como un buen abre bocado.

Luego me contás.

Saludos.

Karen dijo...

Gracias por la data! un beso