viernes, 4 de septiembre de 2009

Vuelvo del sueño con una rareza en la boca muy extraña, tan ajena que casi se torna invisible ante los ojos. O quizás aún duermo y no lo sé. No entiendo mucho acerca de la noche y sus misterios. Sólo sé lo que produce la noche en mí: muerte, espasmos, sueños turbios, que quisiera dormirme toda la vida en esa sensación de crepúsculo.
Escribo a la noche desde otra oscuridad: la propia.