La respiración del cuerpo galopante. La incisión y el cuchillo.
Los espejos y el cuerpo. La dulce tentación. El hartazgo. El escribir como
forma de inaugurar el presente. Hacerle frente. Dar la cara es la única forma
de sobrevivir. Cautela, me dicen en sueños. Clarice Lispector murmura desde el
silencio diurno y con la debilidad de su voz ausente: “He llegado a la
conclusión de que escribir es lo que más deseo en el mundo, incluso más que el
amor”. Pero de mi parte no hay respuesta. Me inclino sobre el papel blanquísimo
para escribir al tacto. Indefinidamente. Y el cuerpo ruge, y el milagro de la
escritura se hace al fin presente. Gracias Lispector de mi alma.
Tobías
La luz, que ingresa por la ventana, mueve el mundo didáctico y emotivo de mi hijo Tobías. Parlan las manos sobre el papel. Nada es tan importante como entender que los sonidos están quietos sobre el agua. Aunque una quiera moverla, alterarla, ella está silenciosa, como abstraída de su entorno. No sabe decirlas, pero intenta, suelta “lenguaradas”, transforma un perro en guau guau. La música de fondo larga destellos de felicidad, de armonía, como si la vida fuese ir de compras de la mano de alguien a quien uno ama.
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Saludos.