Últimamente, el diálogo es más conmigo misma que con los demás. Converso no sólo con quién soy sino también con quién fui alguna vez. Lo raro es que todo conlleva un silencio raro. Tengo tan pocas ganas de ver a tanta gente. Este viaje no es como tantos otros, lo siento así a pesar de que hace pocas semanas que aterricé en Córdoba. Ando más sola que acompañada, pero porque quiero, lo necesito. Desde hoy que estoy escribiendo sin parar, como si fuese más que una urgencia transcribir el dolor del alma en un papel virtual, insípido y flojo. Escribir, hasta el hartazgo. En algún momento llegará el sosiego desde este interior. Algo callará dentro de mí y sabré que estoy en paz. Ya no quiero este oleaje que transgrede todo sentimiento. Menos el agua golpeándome el cuerpo desde dentro. Toda profundidad que sostenga el esqueleto existe apenas por una palabra que emito en las noches: transformación. Quiero cambiar. Y este viaje es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. Desde acá veo un horizonte distinto, que me invita a deambular por una nueva vida. Todo pasado quedó en el polvo. Ya no sirve. Amén.
Tobías
La luz, que ingresa por la ventana, mueve el mundo didáctico y emotivo de mi hijo Tobías. Parlan las manos sobre el papel. Nada es tan importante como entender que los sonidos están quietos sobre el agua. Aunque una quiera moverla, alterarla, ella está silenciosa, como abstraída de su entorno. No sabe decirlas, pero intenta, suelta “lenguaradas”, transforma un perro en guau guau. La música de fondo larga destellos de felicidad, de armonía, como si la vida fuese ir de compras de la mano de alguien a quien uno ama.
Comentarios
Tus letras sanaràn tu alma..estoy segura.Y el pasado ya pasò!
Saludos
LaLy