Gracias, Verónica. Por tu homenaje a Don Mario y su "No te salves" (esta versión con Miguel Ángel Solá es sencillamente hermosa). La poesía ha logrado salvarme (del abismo, de la nada) tantas veces. Esta vez, que pretendía salvarme (de la vida), justo hoy, precisamente hoy, Don Mario me salva (de mi exilio de mí misma). Gracias; recordaré este día cada vez que quiera salvarme. Gracias, Don Mario por siempre, gracias Verónica.
Muchas gracias a vos por ese mensaje tan hermoso. La poesía me salva todos los días. Pareciera que siempre nos dice al oído del peligro del abismo, del peligro de quedarnos secos ante tanta palabra. Nos sacia y a la vez nos desborda. Don Mario es un maestro. Saludos.
La luz, que ingresa por la ventana, mueve el mundo didáctico y emotivo de mi hijo Tobías. Parlan las manos sobre el papel. Nada es tan importante como entender que los sonidos están quietos sobre el agua. Aunque una quiera moverla, alterarla, ella está silenciosa, como abstraída de su entorno. No sabe decirlas, pero intenta, suelta “lenguaradas”, transforma un perro en guau guau. La música de fondo larga destellos de felicidad, de armonía, como si la vida fuese ir de compras de la mano de alguien a quien uno ama.
una mujer que mira al sur posee una tristeza en el rostro en miniatura toda ella es una figura raída imposible de precisar nadie sabe qué le duele pero su figura parece dormir un largo sueño una mujer que mira al sur camina hacia un puerto invisible y errante levanta la mano como quien saluda a alguien que se va sola navega las calles con una soledad insufrible una mujer que mira al sur tiene ganas de partir siempre
Extendió la mano y ella acercó la suya, abierta. Sus palmas se tocaron. Midieron sus manos, brazos y piernas. Examinaron sus similitudes y diferencias. Él la llevó a recorrer el jardín. Se sintió útil, responsable. Le mostró el jaguar, el cimpiés, el mapache, la tortuga. Rieron mucho. Retozaron, contemplaron las nubes rodar y cambiar de forma, escucharon la monótona tonada de los árboles, ensayaron palabras para describir lo innombrable. Él se sabía Adán y la sabía Eva. Ella quería saberlo todo.
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Besos
Muchas gracias a vos por ese mensaje tan hermoso. La poesía me salva todos los días. Pareciera que siempre nos dice al oído del peligro del abismo, del peligro de quedarnos secos ante tanta palabra. Nos sacia y a la vez nos desborda.
Don Mario es un maestro. Saludos.