La luz, que ingresa por la ventana, mueve el mundo didáctico y emotivo de mi hijo Tobías. Parlan las manos sobre el papel. Nada es tan importante como entender que los sonidos están quietos sobre el agua. Aunque una quiera moverla, alterarla, ella está silenciosa, como abstraída de su entorno. No sabe decirlas, pero intenta, suelta “lenguaradas”, transforma un perro en guau guau. La música de fondo larga destellos de felicidad, de armonía, como si la vida fuese ir de compras de la mano de alguien a quien uno ama.
Comentarios
beso verónica!
Otro beso.
Todavía resuenan en mi cabeza, ¿te molesta que me lleve algunos de tus balbuceos? Después te los devuelvo, me gustan las disputas territoriales del pensar ajeno-propio. A mis sentires no les gusta que le grite falta de originalidad: la soberbia los hace creerse únicos, usted vio cómo son los sentires!
cuanto nos parecemos entonces!
beso
marcelo