ii

A vos, padre, te digo: para qué existís si no sos capaz de darme una mano. Para qué estás allí sino sabés auxiliarme. Me dolés en el costado izquierdo, entre pulmón y pulmón. Me dolés como un cuchillo atravesado en la sien. Quedate allí, silencioso, que yo me quedaré de este otro lado.

Tengo mucho por leer, sin embargo, no quiero. Me gustaría sentarme a solas con mí misma y llorarme. Atentamente, mirarme en un espejo. Admirarme por fin.

Sé que la muerte anda rondando. La siento venir desde hace semanas. Pero no puedo decir nada, aparte, ¿qué podría decir sobre ella? No sé exactamente para quién viene. No creo que por mí. Sin embargo le temo. Entonces, ante tanto misterio, le escribo lo que puedo.

Comentarios

Giovanna d Arco al Rogo ha dicho que…
ey me gustó mucho este texto
me tocó
se lee mmm crudo sincero fuerte

saluds !
La escribiente diurna ha dicho que…
Gracias Giovanna. Saludos.
Carla Valdés ha dicho que…
Verónica:
Un placer conocer el nuevo espacio. Interesante propuesta.
Saludos desde Santiago ...

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