lunes, 15 de diciembre de 2008

Vacaciones. Me fui!


Este miércoles por fin parto a la Isla. Allí pasaré navidad y año nuevo rodeada de la familia de mi esposo. Les dejo una fotito del lugar. Espectacular, verdad? Feliz Navidad y año nuevo para todos! tomen hasta el amanecer, disfruten a pleno estos días fiesteros.
Saludos a todos. Los veo a la vuelta.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Resulta que todo tiene un decir oculto. Hasta las palabras sólo dicen las cosas que pueden decir en los momentos que ellas creen perfectos. Pero también tienen aquello otro que no sueltan nunca, aquello que se llevan a la tumba del cuerpo hasta que un buen día la boca los larga a borbotones.
Resulta que yo también tengo palabras que nunca enuncio. Las escribo a veces en papeles arrugados que quedan archivados en la memoria de nadie. Las pronuncio e intento darles nombre: las culpo, las araño en mi cuarto corto, les digo, váyanse a tomar café, vayan a la plaza a ver si llueve, pero váyanse de mi vida. Y las palabras me miran como sonriendo, pero en el fondo es un sonrisa burlona de la que nunca se desprenden. Y yo quedo con mi rostro acartonado, miedoso, mirándolas y en espera de un susurro.
Resulta que todo posee una mirada oculta. Todo objeto tiene un rostro que nunca vi, y que tal vez nunca veré. Él está ahí, del lado inverso, viendo como lo miro pero no lo veo. Es como observar el viento fresco y la diablura de su juego con el mar: veo el agua trotar, abalanzarse abruptamente en la arena, veo su cuerpo de agua mecerse como una gaviota, pero nunca logro apreciar el viento y su materialidad. Siento el cuerpo inmaterial, elástico; siento su movimiento en mis manos, en mi rostro, como si de esa forma expresara su lenguaje de objeto. Pero no. El viento simplemente es el viento que amo. El mar y el viento son sencillamente imágenes individuales que no necesitan al parecer de nadie que las alimente.
Resulta que todo tiene un decir oculto que causa tanto temor como entrega.

martes, 2 de diciembre de 2008

Los rostros de la noche

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Antes de dormir me siento en el césped fresco a admirar el día. Él viene con sus manos grandes y se aquieta conmigo. Los dos callamos ante la primavera. Luego llega la ansiada noche, Endimión y la danza de la muerte. No sabemos qué decir ante el letargo de lo oscuro. La noche cae en nosotros de una manera maravillosa y aún así un limbo raro nos penetra. Miramos el cielo y un silencio nos agolpa. Mi palabra de repente resulta inútil. Todo esto es impronunciable: la danza nocturna, el silencio estrellado. Temblamos miedo. Nunca supimos porqué

lunes, 1 de diciembre de 2008

Habíamos quedado en no llorar
vos derramaste tres lágrimas superfluas
me desgarraste
mojaste mi café y mi palabra

inundaste mi escritorio
ahora me dan muchísimas ganas de dejarme ir.

Luego nos fuimos vos por tu lado
yo por mi cuenco.

Aún mi escritorio sigue sin tinta
aún mi palabra sangra agua de tu vientre
y el café me parece insulso desde ese día.
desde esa muerte.

(2001)