miércoles, 27 de febrero de 2008

si te dijera palabras rotas
palabras nacidas de fosas profundas
donde sólo crecen vegetativos rostros

si te dijera las palabras más solas
aquellas que crecen en mis pechos
de forma insuficiente

si amarrara tu verbo a este cuerpo
para que comience a palpitar
como un caballo desbocado

si a este nombre partido con daga de plata
si a este nombre que se parece al mío
se aproximara a tu oído
y te calentara el verbo

tal vez
la inclinación al cuerpo amado
estaría mucho más próxima

martes, 26 de febrero de 2008

ix

Caracas, 21 de febrero

Porque soy la más miedosa y porque el miedo se alimenta de mí, las palabras se han abierto de par en par y han mostrado sus terribles fauces.
Ahora todo lo que digo tiene que ver con inseguridades, ya no con arrojos.
Ahora debo entender que la mordedura puede doler más que el silencio.

domingo, 24 de febrero de 2008

viii


Caracas, 24 de febrero

Imaginemos un color, un terrible dolor que se albergue dentro de un pájaro, el que nunca canté, y el que nunca será dentro de mí una gaviota.

miércoles, 20 de febrero de 2008

soy una esclava de mí
y de la escritura
ella se calla por no decirme todo
lo que no acepto
todo lo que no me acepto

domingo, 17 de febrero de 2008

Los múltiples retornos de Julio Cortázar


por Ariel Dorfman


De paso por Buenos Aires, me encuentro una y otra vez con la sombra de Julio Cortázar, resucitando persistentemente en cada esquina. Ojalá se tratara de su fantasma, a él que tanto le gustaban las historias de aparecidos, las almas en pena que no dejan en paz a los vivos que han traicionado la memoria de los muertos.

Pero más que su espectro, es su recuerdo, su apellido, su palabra, lo que satura esta ciudad que él tanto amó. El autor de Rayuela está en todos los rincones: en una carta suya a la patria argentina que se vende en los interminables kioskos de diarios; en la plaza que lleva su nombre y donde ahora niños bulliciosos se insultan en el idioma coloquial que él hizo tan perdurable; en las librerías donde se destacan los tres volúmenes magníficos de sus cartas. Y también en las paredes. Alguien escribió BIBAN LOS CRONOPIOS en un muro, y otra persona, a las pocas cuadras, garabateó un mensaje para el gran escritor argentino que me cautiva y seduce y llena de nostalgia: VOLVÉ, CORTAZAR, ¿QUÉ TE CUESTA?

Tal arraigo en la imaginación popular debió haberme preparado para el próximo, inevitable paso hacia la inmortalidad contemporánea, la inserción de la obra de un literato en la tristemente ubicua propaganda comercial, pero aun así, me sorprendió ir al cine cierta noche y ser asaltado por una serie de tres cortos publicitarios basados en La autopista del sur y que, lejos de ser un homenaje a ese cuento inimitable, trataba de apropiárselo para vender un auto cuyo nombre, quizás olvidable, sea el Renault Megane.

Para quienes no lo retengan, esa alegoría de Cortázar relataba un gigantesco embotellamiento de tráfico en las afueras meridionales de París, autos que se atascan durante horas y luego días hasta que el tiempo se va estirando hacia semanas y meses para terminar alcanzando una dimensión mítica donde los relojes son inservibles y las máquinas superfluas. Quienes ocupan esos vehículos detenidos experimentan un retorno maravilloso al tiempo de los orígenes y descubren ahí otro sentido utópico, paradisíaco y brutal de la vida, dando paso a una existencia comunitaria donde podemos mirarnos los unos a los otros, mirar hacia el lado en vez de urgir la mirada hacia adelante, siempre hacia adelante.

Cortázar, al interrumpir la loca carrera del siglo XX hacia el progreso, fuerza a sus protagonistas y a sus lectores a zambullirse en un fundamento que nunca debimos haber olvidado y que espera su resurrección desde el fondo de nuestra naturaleza y que subsiste muy adentro de la memoria de la especie a pesar del exterminio sistemático de las tribus y los pueblos que han encarnado la muestra viva de esa memoria. El viaje estético de Cortázar en ese cuento va revelando la verdadera y postergada significación del amor, la cópula, el nacimiento, la muerte, la solidaridad, el cuerpo, la lucha por subsistir, aquellas coordenadas primordiales que hemos extraviado entre tanto ajetreo y competencia y consumismo.

Cuando, por primera vez, leí La autopista del sur hace más de 30 años, lo celebré como un himno a una humanidad que todavía tiene la posibilidad de recordar y recobrar por unos instantes el rumbo perdido y que, por ende, está condenada a seguir soñando la emergencia ineludible de un mundo mejor. La autopista del sur constituyó, en la época en que fue escrito, una advertencia acerca del despeñadero hacia el que nos dirigíamos, y esa feroz crítica a la tecnología se vuelve hoy, tantas décadas más tarde, aún más válida y necesaria, ahora que la globalización es el dogma indiscutible de la época, ahora que aceleramos a fondo por las autopistas de la modernidad sin siquiera preguntarnos a dónde vamos ni por qué ni para qué ni menos a quiénes estamos dañando con tanto apuro.

Por eso, resultó desolador ver cómo los avisos publicitarios en ese cine en Buenos Aires transformaron aquella narración que yo recordaba con tanta añoranza en un panegírico al consumo desenfrenado, una apología del apresuramiento. Manteniendo el esqueleto argumental de La autopista del sur —autos embotellados, gente paralizada, desesperación por la incapacidad de seguir moviéndose—, aquella propaganda mercantil mostraba cómo el Renault Megane (¡el colmo de los colmos, puesto que el auto protagónico del cuento original era un Peugeot 404!) era capaz de salir airoso de esa prueba apocalíptica, el único medio de transporte que te puede llevar adonde quieras ir y cuando lo quieras, el único vehículo que triunfa sobre la adversidad más primitiva, que nos salva de las frustraciones de la sociedad de masas.

Qué ironía, pensé, saliendo horas más tarde a esas calles de Buenos Aires. La notoriedad que alcanza hoy Cortázar lo pone en manos de mercachifles y advenedizos y Meganes que domestican sus personajes y envilecen su clarividencia. Y cuando al otro día vi el mismo aviso repetido varias veces por la televisión, sentí una pesadumbre mayor: más personas se familiarizaban con ese cuento de Cortázar en ese solo instante que todos cuantos admiradores lo habíamos leído con cuidado y deleite y reverencia en los años anteriores. Miles leían lentamente al Cortázar auténtico y millones se internaban a un ritmo enloquecido en la versión bastarda de su obra.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer, ahora que los autos devoraban al Gran Cronopio, ahora que se le hacía aparecer como alabando la autopista que él denunciaba, ahora que su tierna fantasía quedaba digerida por la misma modernidad que su cuento había querido escarmentar? ¿No se estaba cumpliendo el final de su propio relato, cuando el embotellamiento se acaba y los autos se echan a andar de nuevo y los hombres y mujeres que han descubierto por un instante las fuentes de la felicidad no tienen otra alternativa que abandonarlas, volver a cometer los mismos errores? ¿No había anticipado acaso Cortázar mismo este desenlace en que la cultura de la autopista derrota a la cultura de la ironía, derrota a la rebelión estética? ¿Qué hacer? La respuesta no la tengo y no está Cortázar para ayudarnos a encontrar el camino.

Pero ahí, no lejos de ese cine y probablemente de las oficinas donde se planeó y diseñó y financió esa publicidad malsana, estaba el muro en que las palabras, Volvé, Cortázar, ¿qué te cuesta?, seguían iluminando oscuramente la noche. Se me ocurre que los hombres que pervirtieron La autopista del sur para vender más autos y desdeñar el sur, deberían tener cuidado. Hay otros cuentos de Cortázar en que un fantasma vuelve del otro mundo para rondar a quienes han olvidado su humanidad, hay otros cuentos suyos en que quienes traicionan sus ideales reciben la visita de una sombra que invade sus sueños y sus pesadillas y sus espejos.

Los cuentos de Cortázar tienen la extraña manía de cumplirse en la realidad. Aquellos que se malapropiaron de La autopista del sur que se cuiden las espaldas. Yo tendría miedo de lo que dicen las paredes, yo tendría miedo de que Cortázar no estuviera tan muerto como algunos creen, como algunos quieren creer. Yo, que ellos, tendría miedo de que Julio Cortázar, en efecto, va a volver. Total, ¿qué le cuesta?

sábado, 16 de febrero de 2008

Condición

ahora que me miro al espejo
ya no temo al reflejo íntimo
aquel trozo de cuerpo inusitado
tiembla dentro del vidrio
me ama y muerde mi palabra
con tal de que yo la nombre

martes, 12 de febrero de 2008

Sobre el cuerpo

i

escribo con el cuerpo abierto
dejando entrever su gran colmillo
su esqueleto débil
sangrante y moribundo

ii

todas las noches aulla
por todo aquello no dicho
resguardado en su vientre

escribo porque el cuerpo
se hace pequeño e insoportable
sus músculos se quiebran
y un lamento se siente en los pasillos

ese es mi cuerpo
que rueda por el mundo
destartalado

iii

la invisibilidad del dolor
no significa la ausencia del mismo
al contrario
existe un cuenco donde habita
el amante próximo y su llanto

un sitio de donde no debió partir
nunca la palabra

iv

si no existiera esta palabrería
esta desvergüenza por el verbo

¿qué saldría de esta boca?

lunes, 11 de febrero de 2008

Las mujeres que fuimos

las mujeres que fuimos
se acostaban a diario
antes de las nueve
y con los pechos llenos
de voces
cerraban la boca y el cuerpo
para disimular las carencias.

nadie nos encendía
después del mes veintiséis
disimulábamos las tristezas
tapándonos los ojos con las manos
y los demás
miraban con recelo
los rostros harapientos de hermosura.

ahora
las mujeres que somos
nos mordemos las uñas
latigándonos el verbo
para que el papel sea
una divina comunión:
el centro del pálpito
de nuestras palabras

lástima que a veces
somos una sequía temporal
ubicadas a kilómetros
del papel en blanco

y peleamos con la distancia
que nos ampara.

las mujeres de este siglo
escribimos por sentir
la tinta entre los dedos
y creamos palabras
que nos duelen

por las noches
sacamos todo lo puta
todo lo frágil
del cofre corporal
y lo canjeamos
por besos en la espalda

en la mañana
no sabemos qué hacer
con tanto llantopiel
y nos frotamos los ojos
por si acaso
fuese un sueño


jueves, 7 de febrero de 2008

Poemas cortos

1

la lengua es un cuerpo
seco y apático
una sombra inescrupulosa
daga con que partir el verbo
para que me sostenga

2

tu boca es un espejo
donde a diario
me descubro

3

escribir es aumentar
la culminación del verbo
es hacerlo cuerpo y vestigio

lunes, 4 de febrero de 2008

creāre

creo la palabras más doliente
surgida del más terrible objeto
ella suelta sus odios a la noche
para volverse a esconder
en mis cabellos.

la creación se silencia
entre mis manos.

viernes, 1 de febrero de 2008

Proyección

quiero un poema a destiempo
frágil y silencioso
que sepa del propio cuerpo
y de su lenguaje

que posea un rostro fuerte
y me proteja de mi propio espejo

que surja del nombre de las cosas
a las que temo

que todos los días se levante
con este nombre en los labios

que siempre me escriba