Prepara su viaje a Amazonas, mientras su corazón ya ha comenzado a volar hacia el sur.
Ese otro rostro
La mujer del espejo me ha traducido un miedo en el cuerpo casi impronunciable Ella casi corporal me mira con sus ojos de lince en espera de que hable o deslice mis palabras debajo de la puerta del corazón para que logre por fin enunciar sus miedos Pero le temo tanto a ese otro rostro que se enfunda en el crepúsculo y cual si fuese la espada de la sombra propicia el juego de los espejos Nunca nos miramos a los ojos porque la noche arroja la oscuridad más terrible.
Comentarios
Gracias por tu visita. Saludos.
Vuem biage...
Agradecida estoy por volverlo a ver. Un abrazo.
Tendré cuidado, Cris.
Besotes!