La mujer del espejo me ha traducido un miedo en el cuerpo casi impronunciable Ella casi corporal me mira con sus ojos de lince en espera de que hable o deslice mis palabras debajo de la puerta del corazón para que logre por fin enunciar sus miedos Pero le temo tanto a ese otro rostro que se enfunda en el crepúsculo y cual si fuese la espada de la sombra propicia el juego de los espejos Nunca nos miramos a los ojos porque la noche arroja la oscuridad más terrible.
Comentarios
beso verónica!
Otro beso.
Todavía resuenan en mi cabeza, ¿te molesta que me lleve algunos de tus balbuceos? Después te los devuelvo, me gustan las disputas territoriales del pensar ajeno-propio. A mis sentires no les gusta que le grite falta de originalidad: la soberbia los hace creerse únicos, usted vio cómo son los sentires!
cuanto nos parecemos entonces!
beso
marcelo