La mujer del espejo me ha traducido un miedo en el cuerpo casi impronunciable Ella casi corporal me mira con sus ojos de lince en espera de que hable o deslice mis palabras debajo de la puerta del corazón para que logre por fin enunciar sus miedos Pero le temo tanto a ese otro rostro que se enfunda en el crepúsculo y cual si fuese la espada de la sombra propicia el juego de los espejos Nunca nos miramos a los ojos porque la noche arroja la oscuridad más terrible.
una mujer que mira al sur posee una tristeza en el rostro en miniatura toda ella es una figura raída imposible de precisar nadie sabe qué le duele pero su figura parece dormir un largo sueño una mujer que mira al sur camina hacia un puerto invisible y errante levanta la mano como quien saluda a alguien que se va sola navega las calles con una soledad insufrible una mujer que mira al sur tiene ganas de partir siempre
No puedo enumerar todas las formas de dolor con las que lidié. Dolores estomacales muy agudos que subían lentamente por el cuerpo hasta explotar en la sangre el factor augurios; dolores del tipo abdominal que arañaban los músculos, para liberarse de la cárcel corporal; dolores llenos de fiebre, encanto y misterio que mordían mi boca con la intención de herirme y dejarme tendida en una cama húmeda. Finalmente tuve los peores dolores: los dolores por no poder hablar. Creo que ese dolor aún lo llevo conmigo, agazapado en la espalda y en la boca.
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