Últimamente, el diálogo es más conmigo misma que con los demás. Converso no sólo con quién soy sino también con quién fui alguna vez. Lo raro es que todo conlleva un silencio raro. Tengo tan pocas ganas de ver a tanta gente. Este viaje no es como tantos otros, lo siento así a pesar de que hace pocas semanas que aterricé en Córdoba. Ando más sola que acompañada, pero porque quiero, lo necesito. Desde hoy que estoy escribiendo sin parar, como si fuese más que una urgencia transcribir el dolor del alma en un papel virtual, insípido y flojo. Escribir, hasta el hartazgo. En algún momento llegará el sosiego desde este interior. Algo callará dentro de mí y sabré que estoy en paz. Ya no quiero este oleaje que transgrede todo sentimiento. Menos el agua golpeándome el cuerpo desde dentro. Toda profundidad que sostenga el esqueleto existe apenas por una palabra que emito en las noches: transformación. Quiero cambiar. Y este viaje es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. Desde acá veo un horizonte distinto, que me invita a deambular por una nueva vida. Todo pasado quedó en el polvo. Ya no sirve. Amén.
Ese otro rostro
La mujer del espejo me ha traducido un miedo en el cuerpo casi impronunciable Ella casi corporal me mira con sus ojos de lince en espera de que hable o deslice mis palabras debajo de la puerta del corazón para que logre por fin enunciar sus miedos Pero le temo tanto a ese otro rostro que se enfunda en el crepúsculo y cual si fuese la espada de la sombra propicia el juego de los espejos Nunca nos miramos a los ojos porque la noche arroja la oscuridad más terrible.
Comentarios
Tus letras sanaràn tu alma..estoy segura.Y el pasado ya pasò!
Saludos
LaLy