Será que ella armada con otro rostro se aventura a hablarme al oído, con esa voz que ya no es la suya, con los brazos agitados como en busca de oxígeno, con el vientre partido de arañar de forma excesiva el papel gris, y con un olor rancio en la memoria, como si un frío gélido hubiese espantado los pájaros de su voz.
Ese otro rostro
La mujer del espejo me ha traducido un miedo en el cuerpo casi impronunciable Ella casi corporal me mira con sus ojos de lince en espera de que hable o deslice mis palabras debajo de la puerta del corazón para que logre por fin enunciar sus miedos Pero le temo tanto a ese otro rostro que se enfunda en el crepúsculo y cual si fuese la espada de la sombra propicia el juego de los espejos Nunca nos miramos a los ojos porque la noche arroja la oscuridad más terrible.
Comentarios
Saludos...
Una voz sin pajaros se me antoja aun peor que un vientre partido. Lo bueno es que "aun surge del dealiento el aire de una canción".
Saludos.
Gracias, Vavo, saludos.