No puedo enumerar todas las formas de dolor con las que lidié. Dolores estomacales muy agudos que subían lentamente por el cuerpo hasta explotar en la sangre el factor augurios; dolores del tipo abdominal que arañaban los músculos, para liberarse de la cárcel corporal; dolores llenos de fiebre, encanto y misterio que mordían mi boca con la intención de herirme y dejarme tendida en una cama húmeda. Finalmente tuve los peores dolores: los dolores por no poder hablar. Creo que ese dolor aún lo llevo conmigo, agazapado en la espalda y en la boca.
Comentarios
indiscutiblemente...
en la fisura
está la fuerza!
tiene algo del desgarro de Latinoamérica, pero no sé por qué me da esa sensación...
El lucas
Y desde esa fisura o grieta, escribo.
Un abrazo.
Es un placer volverte a ver por estos lares. Sos bienvenido cuando quieras. Saludos.