Gracias, Verónica. Por tu homenaje a Don Mario y su "No te salves" (esta versión con Miguel Ángel Solá es sencillamente hermosa). La poesía ha logrado salvarme (del abismo, de la nada) tantas veces. Esta vez, que pretendía salvarme (de la vida), justo hoy, precisamente hoy, Don Mario me salva (de mi exilio de mí misma). Gracias; recordaré este día cada vez que quiera salvarme. Gracias, Don Mario por siempre, gracias Verónica.
Muchas gracias a vos por ese mensaje tan hermoso. La poesía me salva todos los días. Pareciera que siempre nos dice al oído del peligro del abismo, del peligro de quedarnos secos ante tanta palabra. Nos sacia y a la vez nos desborda. Don Mario es un maestro. Saludos.
La mujer del espejo me ha traducido un miedo en el cuerpo casi impronunciable Ella casi corporal me mira con sus ojos de lince en espera de que hable o deslice mis palabras debajo de la puerta del corazón para que logre por fin enunciar sus miedos Pero le temo tanto a ese otro rostro que se enfunda en el crepúsculo y cual si fuese la espada de la sombra propicia el juego de los espejos Nunca nos miramos a los ojos porque la noche arroja la oscuridad más terrible.
una mujer que mira al sur posee una tristeza en el rostro en miniatura toda ella es una figura raída imposible de precisar nadie sabe qué le duele pero su figura parece dormir un largo sueño una mujer que mira al sur camina hacia un puerto invisible y errante levanta la mano como quien saluda a alguien que se va sola navega las calles con una soledad insufrible una mujer que mira al sur tiene ganas de partir siempre
temer a ese sonido de lengua que viene de lejos de una noche no conocida por este cuerpo temer pronunciar su nombre como si hacerlo fuese traerte nuevamente a este cuarto solo y enfrentarte pero en el instante en que la boca hable sabré con certeza que ese encuentro no habrá servido de nada y que los sueños sólo sirven para ahogarnos en acciones imposibles temer por fin a esta soledad huraña que no se cansa en tejer y destejer recuerdos hecho de arena corriendo por mis manos temer a esas palabras que no dijimos porque nunca propiciamos otro encuentro temer a ese sonido de agua que suena en este oído como si trajera restos de un naufragio algún día tu mano golpeará esta puerta y preguntará por mí
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Besos
Muchas gracias a vos por ese mensaje tan hermoso. La poesía me salva todos los días. Pareciera que siempre nos dice al oído del peligro del abismo, del peligro de quedarnos secos ante tanta palabra. Nos sacia y a la vez nos desborda.
Don Mario es un maestro. Saludos.