yo sé que llorar sólo apacigua un tercio de todo el dolor
ahogado aquí, nacido acá, en este recio cuerpo
pero no dejo de aspirar
a que un día
un gran llanto precipitado
sepa traducir, comulgar y redimir
el gran laberinto que me niebla
Ese otro rostro
La mujer del espejo me ha traducido un miedo en el cuerpo casi impronunciable Ella casi corporal me mira con sus ojos de lince en espera de que hable o deslice mis palabras debajo de la puerta del corazón para que logre por fin enunciar sus miedos Pero le temo tanto a ese otro rostro que se enfunda en el crepúsculo y cual si fuese la espada de la sombra propicia el juego de los espejos Nunca nos miramos a los ojos porque la noche arroja la oscuridad más terrible.
Comentarios
Volvemos a lo del llanto...seguro serán reivindicadas tus lágrimas. El diluvio pasará. La obnubilación no puede ser eterna.
Un abrazo.