Le escribo
un email a una gran amiga, y entre línea y línea, le digo: en estos momentos me
siento como un barco que está a punto de navegar, pero algo me sujeta al
muelle, para que no naveguen mis sueños más allá de estos ojos.
Ese otro rostro
La mujer del espejo me ha traducido un miedo en el cuerpo casi impronunciable Ella casi corporal me mira con sus ojos de lince en espera de que hable o deslice mis palabras debajo de la puerta del corazón para que logre por fin enunciar sus miedos Pero le temo tanto a ese otro rostro que se enfunda en el crepúsculo y cual si fuese la espada de la sombra propicia el juego de los espejos Nunca nos miramos a los ojos porque la noche arroja la oscuridad más terrible.
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