sábado, 16 de febrero de 2013


salvarnos del naufragio, no pudimos
algo nos mantuvo acorralados
con la vista fija en una roca
enhebrados como dos agujas a punto de romperse
y siempre creímos que éramos intocables
que nunca el frío abriría ni tu pecho ni el mío
que nunca el amor diría:
“hasta aquí la lucha por arder”
y que allí algo comenzase a apagarse
no como un fuego fatuo
sino como esa mano que de pronto aparece en el vidrio
y todo la estructura comienza a temblar
de miedo a la muerte
de miedo a la muerte del amor
de miedo a morirme de muerte
de miedo a morirme de tu amor                                     
pero no me morí
vos tampoco te moriste
y en orillas tan distintas
nuestros rostros boquiabiertos
las manos buscan caricias
que atraviesen este desamparo
el desamparo y la rabia de estas manos
la rabia y la tristeza de este cuerpo

alguna vez dijimos que éramos invencibles
que éramos intocables
que a este amor no lo maldecía ni el mismísimo demonio
nada es más terrible en el amor
que creer que se está a salvo de la muerte
nada es más terrible en el olvido
que creer que se está a salvo del amor


y a mí me bastaba tu palabra para concordar
el ritmo y el embeleso que tiene el cuerpo
en la oscuridad
que tiene el cuerpo y su profundidad de grito
tu grito
que hoy es un vacío
que hoy es una urgencia de tomar y dejar
la molestia, el sostén, el absurdo
y el amor
esa palabra que no tiene voz ni voto
en esta boca
muerta voz muerta boca
triste
tan triste
que a mí me bastaría tu palabra para concluir

jueves, 14 de febrero de 2013


de esas cosas no podemos salvarnos, decíamos
y empapábamos los cuerpos en agua tibia
descascarando la rabia
para dejarlo limpio y a oscuras
si hay demasía de luz
el cuerpo deja de respirar                                                   
y con sus dedos tantea en busca de su propia noche

de esas cosas no podemos salvarnos, repetíamos
y pulsábamos la tecla del desengaño
para que cuando vuelva el amor
no nos agarre de los cabellos
inclinados, boca arriba

de esas cosas no podemos salvarnos, decíamos
y apuntábamos con el dedo índice
el libro que nos cortaba la respiración
y nos hacía tan infelices y esperanzados
con esa forma de entender la vida

existen cosas de las que no queremos salvarnos
aunque en ellas exista el dulce demonio
mordisqueándonos los ojos
la malicia, el desengaño y la dureza de esta jodida  vida

hay algo perverso en la acción
de hincar el diente
abrir la carne
y detenerse a observar
adentro
este otro cuerpo y su llanto compungido
el sexo: boca abierta que tiembla
y no cesa de pedir
pero qué necesita
¿que mi piel se acostumbre a este hastío?
no quiero
no quiero creer en la dulce mordedura
de ese otro
de ése que no se sabe más que el nombre

lunes, 11 de febrero de 2013



mirarme al espejo
y aterrada
confesar la rareza en los ojos
descubrir el síntoma del labio roto
de la lengua muda
y de la mano temblando
mirarme y reconocer la insensatez
el ridículo
el miedo
la desvergüenza
burlarme de mi propio espejo
y reírme
atrevida


sábado, 9 de febrero de 2013

quiero creer que este temblor
no es más que un indicio
de que algo se ha alborotado
y ha comenzado a crecer
a expandirse
a arañar
la fosa íntima
laberíntica imagen del deceso
y el deseo
está allí
con ojos abiertos
contemplando
constatando
de que esa luz
de que esa bendita luz
arañe bien profundo
deje secuelas
¿y el miedo?
¿y el miedo de lo que vendrá
luego del augurio?
no es miedo
es no creer
en la posibilidad
esto no debería suceder:
y el ritmo en el cuerpo
acaudalado
delirando
aterrado
buscando qué
añorando qué
otro cielo
otro lado del paisaje que existe
cuando irrumpe el relámpago
y todo se desborda
y nada más importa
que dicha contemplación

viernes, 8 de febrero de 2013


y el relámpago dulce de lo imposible
ese que entra en la profundidad desolada
y enciende la mecha
derrama
explora
sediento
la piel insomne
¿existe?

jueves, 7 de febrero de 2013


07/02/2013

Escribir con el ímpetu intacto. Contener, sin embargo, tantísimo. No es cobardía. Es simplemente no querer confesarse consigo y con otros. ¿Y qué? No quiero demostrar sentimiento alguno. No quiero. Y punto.


Un objeto, digamos un cuerpo, comienza a temblar, en medio de la sombra que agita el cuerpo; en medio de la noche que está allá afuera. Un cuerpo como cualquier otro. Salvo que éste tiene miedo y no lo dice. Tiene frío y no se cubre. ¿Por qué?

martes, 5 de febrero de 2013

Boquiabiertos
sin nada más que decirnos
caminábamos en grande

viernes, 1 de febrero de 2013


De repente el ojo queda detenido en un objeto, digamos un pájaro que está tendido en una rama oscura; él está allí, silencioso, mientras mis ojos lo miran. Lo recorren. Piensan en la forma en que se transforma el espacio con un simple parpadeo. Por ejemplo, si de pronto el pájaro alzara el vuelo y se perdiese en la inmensidad, detrás de todo eso, qué habría detrás de todo ese vacío que representó la huida de esa ave. ¿Mis manos escribiendo y temblando mientras escriben, qué exactamente? Ese paisaje, ese en el que los dedos teclean apresuradamente para no perder la imagen, también se diluye, se transforma, acontece, acaba. Y el vacío. Aunque no haya un pájaro tendido en el fondo del patio, en la rama oscura, latiendo, viviendo.