lunes, 6 de febrero de 2012

no escribo desde hace meses
y me duele un tanto en la cercanía de los huesos
como ese dolor punzante que no deja mover
los dedos ni las piernas
algo dentro se paraliza
es la lengua
que se dilata por la mañana
y dulcemente arroja sus conjuros
es el miedo
el abandono
el miedo al fracaso
sin embargo
esa sensación de poca gallardía
que todo penda de una palabra
dicha o silenciada
pero es esa palabra
que dará fluidez a las emociones

no escribo desde hace meses
porque no puedo
mis manos están cansadas
la espera
la arrogancia
a veces
y la manía de no escribir
porque ya todo está dicho
y mezclado entre otras voces
y ese dolor que tiembla y aterroriza
que me dice que no, que no, que no
y a veces que sí, que sí se puede
la misericordia
la bendición del mate tempranero
la mirada de sus ojos a mi escote
el beso y su adormecimiento crónico
la escritura silenciada
eso
el verbo que muge pero yo no lo dejo ser bravo
yo, que no le permito salir al mundo
yo, desesperanzada
escribo
sola
por fin