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Mostrando entradas de abril, 2011

Cuerpo, Hanni Ossott

Por asalto al amor
sin preguntas
por asalto el cuerpo
los cuerpos
y comienza la danza
del animal en presa
hasta el cansancio
danza de cuerpos
sudores
sangre
rotación de cuerpos
canto elevado canto
a la sacra pasión del cuerpo


Hanni Ossott, "El circo roto". Caracas, 1996.
estoy aquí pero invisible
con un rostro que tantea
aquello que tanto escribe
invisible
ante la vida y la muerte
las manos se vuelven
locamente toscas
con ánimos de arañar espejos
a ver si en esa profundidad
también existe ese otro rostro
que a veces mira con aires de ingrato
que a veces alardea
que a veces emana una sensación de asco
que a veces simplemente me observa
con intención de cuestionar
pero la invisibilidad de esta otra cara
no se lo permite
y lo borra con los dedos más sinuosos

vos aquí no ingresás
tu palabra no pesa más que la mía
tu sombra no es más que un reflejo
no te temo
no te nombro
así no existís

Llueve que llueve

Llueve que llueve pero no poesía, no cuerpo incendiado; sólo un pequeño diluvio que parte mis dedos; que recorre por las palmas de las manos, delicadamente, como besando el deseo de que la lengua consiga morder aquello que aún no está. Eso que podría surgir si el miedo no se detuviese de forma constante en medio de la boca. Plumífera boca que anuncia soledad, del cuerpo, de las manos, que reducidas al miedo, muestran la ferocidad del vientre. De tener las palabras justas tal vez escribiría el miedo. La poesía no se me da. Desde hace tiempo que no se detiene en esta estación. Llueve que llueve pero no en esta casa. La sequía del cuerpo también contamina la voz. No pronuncio más que el nombre al hablar. Hablo como en murmullos porque de humedad carezco. Mi nombre es por hoy lo único verdadero. En el fondo quiero decir que creo más en lo que soy que en todo aquello que me es externo. Llueve que llueve pero no poesía. Llueve miedo, cansancio, palabras que hablan de aquello que me he apren…

A veces escribir es esto

Caracas, 04 de abril

A veces esto es escribir: lanzar al aire un montón de frases que sin duda marcarán la página. Tachar y rescribir lo duro del lenguaje. La palabra deseada que interiormente no quiere surgir. Dice que no es hoy el momento de salir a la luz, que no es el momento de hablar. Me pregunto cuándo lo será. A veces escribir es esto: simplemente mirar la página en blanco en espera de que ella lance un arañazo, visible y profundo. Y que el arañazo nos haga temblar. Que el estremecimiento sea una nueva herida. De ese modo el lenguaje hace tiritar, de miedo y de delirio, de espanto, por qué no; pero si no nos arriesgamos, nunca hablaremos las palabras que más duelen. El asunto es arriesgar al propio lenguaje; ese justamente que se mantiene en secreto y lo hablamos a solas. Nadie más que nosotros conoce el sabor amargo de la palabra que se repite dentro de manera silenciosa; y cada sílaba hace un hoyo dentro del cuerpo. Respirar no podemos, salvo a costa de dolernos inmensament…