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Mostrando entradas de marzo, 2011
Caracas, 31 de marzo

Soy de esas personas que cree en las palabras. Desde niña tengo ese afán de leer en un tono alto, para escuchar decir a mis labios, por ejemplo, la palabra resonancia. Si lo leído no resuena dentro del cuerpo, la lectura parece haberse diluido en un acto puramente automático, fútil y absurdo. El temblor de las palabras abre un espacio de una profunda intimidad; y tanto ellas como yo nos volvemos una parte de la otra. Nos mecemos en un vaivén extraño. ¿Eso es vivir la lectura? Soy de esas personas que cree que una palabra dicha en voz alta toma más fuerza. No logro perder la costumbre de tomar un libro de poesía y seguir con el mismo ritual. Eso. Para mí las palabras necesitan un ritual a diario. Y para mí hacer ritual es también amarlas. Lo mismo sucede con todo lo que se ama. Se van cercando los espacios, para que aquello que sentimos tan nuestro permanezca fuerte y estable. Y así sucede con la poesía. Leer poesía requiere de un entorno íntimo, sin duda mío. Hay pe…