sábado, 25 de septiembre de 2010

este cuerpo no es más que un lenguaje roto
en sus bordes posee un cinismo tan propio
que al hablarse lo pondera una risa de suplicio
su lengua al contacto con mis dientes
se siente húmeda y esquiva
teme decirse desde la ambigüedad de la carne
desde el borde del labio que gira su mueca
para no reconocerse en el espejo
cuerpo que es lenguaje
silente y comedido
a la espera de que las manos
ávidas y temblorosas
hagan memoria de sus miedos
y reclinen su muerte por una vez
entre estos brazos

jueves, 23 de septiembre de 2010

tomo la lima
afilo mis manos
y los dedos se vuelven cuchillos
osados y malignos
hago un intento
con el rostro
tomo el índice
de la mano que escribe
y lo araño
rasgo a pedazos su piel
para entender
qué tiene mi cara de maligno
de mala conducta
de mujer altanera
o cuánto de belleza
guarda dentro esta máscara

tomo la lima
y afino el borde
del órgano del deseo
abro su boca
su paladar
dentro
un animal
se relame
hilvanado en su cueva
hago un intento de domesticarlo
lo tomo con la mano bandida
lo sacudo
lo muerdo un poco en las pezuñas
hasta que la sangre salpica mi rostro
y me abate

el cuerpo palpita
en su engranaje
y el animal
por si acaso
me deshuesa

martes, 21 de septiembre de 2010

Heridas. Palpitaciones.Fisuras.El habla del cuerpo.


Quien narra historias alberga una esperanza. En la cercanía del cuerpo doliente lo expresable son las excrecencias, la contorsión, las respiraciones coartadas.
Desde aquí, el libro, la obra, no se cierran en un círculo ofrecido al descanso del contemplador. Desde aquí la promesa de la obra no es un sentido sino la descripción de una quema.
El cuerpo es lo discontinuo; acercar la obra al cuerpo, a la vía, significa acercarse a una geografía de temblores, hendiduras, paisajes, inconclusos, tránsitos.
La obra que es cuerpo y respiración es descriptiva, situacional, acontecimiento. La extensión de una náusea, la asfixia, la debilidad o la fuerza, la ansiedad del cuerpo en negación de sí mismo son sus visiones. No hay aquí posibilidad para el argumento. El cuerpo carece de argumento, no se propone para la discusión. Su tiempo es vertiginoso; fugaz e intermitente. Sus códigos oscilan entre la suerte, el azar, el vacío, los esplendores, la fuga, y el hastío.
Desde el cuerpo no hay uno que habla: se habla.
Quien desde la obra pronuncia el yo alberga la esperanza de “comunicarse” con lo exterior, un objeto se le presenta como posibilidad de diálogo.
Desde el se la obra es eco. No habla a nadie, tampoco alguien habla, lo que habla es un ser en situación, un se que impúdico se muestra como respiración. Se podría argumentar que allí hay la decisión de mostrarse y que una es una decisión del yo para entrar en comunicación con otro. Bien. Es posible. Pero en el fondo de esa decisión de mostrarse no hay exigencia. La obra en la cercanía del cuerpo no exige, exhibe su palpitar o sus disoluciones sin objetivo, en la desnudez propia de lo sin fe.
Desde el sin sentido no hay posibilidad para la adhesión. La tentación, el absurdo, los espasmos, la vida, el destajo, son las voces de quien se habla desde el cuerpo.
No se trata de literatura erótica. No se habla aquí de relatar las posibilidades de un sujeto que intenta reiteradamente alcanzar el éxtasis. La obra que desde el cuerpo está más allá del malabarismo circense, del catálogo de ejecuciones de un verdugo erótico sobre una víctima. El relato erótico no es todavía el habla desde el cuerpo, le antecede. Por ello la forma expresiva que más le conviene a éste es la novela o el cuento, no así la obra desde el cuerpo.
Cerca de la palpitación el lenguaje es fractura. Su decir es a retazos, se golpea cuando en la cumbre ya no puede articularse en un código sino en un grito, erupción vocal. A este lenguaje le convienen los ritmos bárbaros. Se ubica en los espasmos, en la histeria provocada para salir de sí mismo.
Lenguaje de trances, suplicios.
Lenguaje de arrabales del ser, de sus suburbios, de lo desconocido e indominado, lenguaje trasgredido, roto. Y aquí no puede esperarse algo. No se trata de definir un más allá de sí mismo, no hay un espacio trascendente exterior a mí. Desde el cuerpo, el espacio místico, Dios, se anulan; el cuerpo es dios.

Memoria en ausencia de imagen. Memoria del cuerpo.
FUNDARTE.(Caracas, 1979)

domingo, 19 de septiembre de 2010

ronca el hambre
certero
obsceno
preciso
alza el rostro
incendiario
reposa su lengua
en lo húmedo
y ronca el cuerpo
a solas
conmigo

viernes, 17 de septiembre de 2010

el cuerpo urde la tela
las manos apenas visibles
surgen de esta coraza
los ojos buscan el animal
con que saciar el hambre
y en la oscuridad
la urdimbre
tiembla
desamparada

lunes, 13 de septiembre de 2010

siempre el cuerpo ansió gesticular
hasta que la boca sea máscara
roída y tramposa
hasta que los dientes muerdan el asco
sediento del propio sarcasmo
este cuerpo deseó maniobrar
su rostro
pero la piel es un animal torvo
que esconde el ojo
entre los huesos
si moscas ardientes y húmedas
sobrevolaran
la lengua y el paladar
mis palabras
abrirían hendiduras
en el cuerpo
y las manos
palparían
su orfandad

miércoles, 8 de septiembre de 2010

"Es injusto" de María Auxiliadora Álvarez

es injusto
que duermas
mientras nosotras
táctiles buscamos
                           la ropa
el pezón oscuro mojado el hueco
es injusto
que en el cuerpo
                          no contengas alimentos
                          que no tengas
                          várices en las piernas
                          ramas negras
que te vayas
y nosotras nos quedemos
que te valles que te ocultes que te mueras
                                        por las noches
muerto seco          eres injusto
sin boca que te muerda
sin árbol que te suba

es injusto
testículo de noche
cuando hay hijo
                          se trae
no sabe nada de boca
táctil líquida furiosa
no sabe de omóplatos
                               que cuelgan
                                                 omóplatos
ropa
basura
suelo que se rastrea
lagartos que nos acechan
lagartos que nos protegen

es injusto
que te vayas
sereno seco completo
y nosotras nos quedemos

y nosotras nos quedemos



María Auxiliadora Álvarez

Cuerpo/Caza. Editorial Fundarte. 1993.
Caracas.

sábado, 4 de septiembre de 2010

este cuerpo
con los años
se ha vuelto roca
si alguien se atreviese
y pusiese su oído en la hendidura
escucharía un caballo salvaje
correr despavorido
si tocara esta piel
o arañase su lado ácido y avispado
este cuerpo
se vengaría