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Mostrando entradas de enero, 2010
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Las personas, como algunas, son ovillos de sí mismas
recogidas del viento. Habitan las casas más profundas.
Parece, si vivieran, un ruido de silencio. El rito
de las palmas es aún la manera de implorar en lo seco.
Es así como la noche nos redime de todo, el lugar más
seguro y cercano a la muerte.

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Bastaría la muerte. La estampida anunciada de la voz
al desencuentro. Hundir rostros sin señas posibles
a la burla del Dador. Bastaría el desalojo de la piel
intacta. Absortos, manchados al fin, en el fondo
de nosotros mismos. Para este trozo que me ofrezco
cuando nombras el bosque y reímos del nombre tallado
como única promesa. Gime quien alcanza la sangre o la
medita posible. Bastaría la muerte.


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Cuando tú y nosotros de esta casa, miramos
alto árbol, polvo a germinar, celebran
nuestros hijos el acto de vivir. Salva la
tierra de quebrarlos por dentro.



Yolanda Pantin. Casa o Lobo. Poeta Venezolana.

Roberto Juarroz

Nadie posee nada. Para poseer algo es preciso desnudarlo, apoderarse de su centro y tener un espacio donde protegerlo. Nadie puede, para poseer una rosa, desvestirla de sus pétalos y retener su fragancia. Las manos del hombre son siempre manos vacías. Tal vez nuestro ejercicio fundamental consista en aprender a amar y escribir con las manos vacías.


Roberto Juarroz. Poesía vertical II: Casi poesía. N°69

Esto somos

esto somos
fuegos tristes
playas desiertas
bocas grandes e inertes
que hablan de la muerte
que viene de noche

eso fuimos
puñado de relojes rotos
detenidos en primavera
grietas del tiempo

mientras el mar
observa desde un fondo
solo y apagado
e interroga
a estos senos
que hablan lenguas de otro tiempo
que precisan el dolor y el miedo
de estar varados en orillas
desconocidas

hablan del espanto de escribir
sobre la arena
y que el agua borre y transfigure
los recuerdos

hablan
desde ésta oscuridad que existe
en mis ojos y en los tuyos

y que parpadea
temer a ese sonido de lengua
que viene de lejos
de una noche no conocida
por este cuerpo

temer pronunciar su nombre
como si hacerlo fuese traerte
nuevamente
a este cuarto solo
y enfrentarte
pero en el instante
en que la boca hable
sabré con certeza
que ese encuentro
no habrá servido de nada
y que los sueños sólo sirven
para ahogarnos en acciones
imposibles

temer por fin a esta soledad huraña
que no se cansa en tejer y destejer
recuerdos hecho de arena
corriendo por mis manos

temer a esas palabras
que no dijimos
porque nunca
propiciamos
otro encuentro

temer a ese sonido de agua
que suena en este oído
como si trajera restos de un naufragio

algún día
tu mano
golpeará esta puerta
y preguntará por mí

Una playa sin fin-Hanni Ossott

A Valentin FlamericOssott, por los poemas que quiere escribir

Sí, habría que escribirlo así, elevado, devoto, casi total
si fuese posible, un gran poema.
Pero hay interrupciones, los ruidos de la casa,
la respiración del marido. El gato.

Y allí entraría sobre todo el mar
convulso él, alto, encrespado
golpeando playa y costa, insaciable
y el ardor, los cangrejos, siempre arrepentidos.
La culpa. Lo echado a perder, las cosas rotas.
Ese gran poema que lo contuviera todo.
Los vientos. La melancolía. El arrastre.
Las largas noches. Una enumeración de estados.
Fiebres. Calores.
Y habría miradas que cruzan palabras para detenerlas.
Ojos fijos, casi silentes, propios.
Hablaría de la mentira
la casi insostenible mentira, al ras.
Expresaría lo imposible, instalado en el centro del
[coraz…

La carnicería, Charles Simic

A veces caminando en la noche, tarde
me detengo ante la carnicería cerrada.
Hay una sola luz en el negocio
como la que usa el preso para cavar su túnel.

Un delantal cuelga de un gancho:
la sangre le untó un mapa
de los grandes continentes de la sangre;
los grandes ríos y océanos de la sangre.

Ahí están los cuchillos que brillan como altares
en una iglesia oscura donde traen al lisiado y al imbécil
para sanarlos.

Ahí está la tabla de madera donde se rompen los huesos,
y se pelan a fondo —el río disecado hasta su cauce
donde me alimentan,
donde en lo profundo de la noche escucho una voz.