lunes, 23 de febrero de 2009

Sobre el cuerpo

El cuerpo reposa sobre un témpano de fuego. Extiende sus vísceras sobre una cama húmeda; y respira. Habla desde una voz hambrienta y fuerte. No conoce más que el miedo; y desde este habla. Mi cuerpo es un muerto que a veces despierta sólo para avisarme que aún respiro; que no deje enterrarme junto a esos restos. No tengo razones suficientes para explicar el porqué lo abandono, dejándolo allí como un animal con rabia. Pero ojalá éste tuviese rabia desmedida, así me mordiera a diario, permitiéndome encontrarte un poco más.
El cuerpo se viste de sombra para que lo sienta. Se acurruca dentro de mí; se abraza a mis costillas, a la carne, y a las palabras cadavéricas que me sostienen. Se vuelve casi imposible de vivir, pero a pesar de todo lo tomo con una fuerza desconocida y lo ato a mí para que no se pierda. Lo miro en el espejo con las mismas ganas con que se mira al otro. Lo observa palpitar frente al vidrio. Intento rodearlo con estos brazos largos e inapetentes, a ver si por fin se ata a mi vida y a mi destino. Frente al espejo él danza locamente, como si fuera un muerto que logró salir de la tumba y se dio cuenta de todo la lumbre que le faltó hasta ese momento; y como si ese muerto tuviese un rostro femenino similar al mío y volviese para poder por fin expresarse. ¿Qué diría aquel cuerpo si tuviese una voz más firme y se reconociese frente al espejo como mío? Tal vez bailaría a la luz de la luna sin parar, hasta que las oscuridades vuelvan a las tumbas y den paso a la luz del sol. Tal vez entonces la sombra de mi cuerpo volviese en sí; y quizás me despertaría sólo para anunciarme que aquél ha vuelto y que esta vez volvió para quedarse conmigo. Y de su triste boca sólo saldría un grito desesperado pidiendo auxilio.
Si tan sólo este cuerpo hablara…

viernes, 20 de febrero de 2009

Susana Thenón

ELLA DE MADRUGADA
(ella se tocó las manos).
De madrugada, apenas.
Ella recuerda que nada importa
aunque su sombra siga corriendo
alrededor de la noche.
Algo se detuvo en algún momento,
algo marchaba débilmente
y se detuvo en algún momento.
Ella tembló como un sonido
congelado entre los labios de un muerto.
Ella se deshizo como un recuerdo
convocado hasta la saciedad.
Ella se inclinó sobre su respiración
y comprendió que aún vivía.
Se tocó la libertad
y la dejó escurrirse como una pequeña noche.
Se anudó la angustia alrededor del cuello
y recordó su color extraviado.
Ella mordió a ciegas en la oscuridad
y escuchó gritar al silencio.
Y aprendió a reírse
del olor a tiempo que despedía su sangre.
De noche
(ella se cortó las manos).
De noche, apenas.
Ella recoge su pequeño crepúsculo.
Ella sueña en la erección de la rosa.



Susana Thenón. Argentina , 1935-1991. Poeta, traductora y traductora.

viernes, 13 de febrero de 2009

i

arderé hasta que el demonio interno
se vuelva cenizas
en estas manos

ii

si no quemo mi velo demencial
no podré devolverme a la noche
y el día será inmensamente nostálgico

iii

fuego de este cuerpo
y cenizas de esta hoguera
serás

ya no me quema tu palabra

iv

todo infierno tiene un giro demencial
uno reviste el alma luego de volver
de la oscuridad

v

quemaría todo esta muerte
en la hoguera más terrible
con tal que el demonio se extinga

vi

el humo del infierno
empaña el camino del regreso
hacia mi vida

vii

hablaré el idioma del fuego
para aprender el idioma de la oscuridad

martes, 3 de febrero de 2009

Para que el cuerpo hable

para que este cuerpo hable

es necesario que hurgue la tierra

con estas manos vírgenes

y busque allí su propio alimento


hablo con un cuerpo seco

con la intención de que mi boca

se humedezca por fin


toco un cuerpo que no es mío

y para hacerlo propio

basta con abrazarlo